Back to zero

Back to zero

Back to zero es el álbum debut de Sequential Point, la formación dedicada a la electrónica contemporánea formada por Adrián García, Fran Estévez y Verónica Díaz. Con base en Tenerife, la suya es una de las propuestas más interesantes dentro del panorama electrónico nacional, por lo que tiene de abandono por fin de las formas tradicionales de space-music y sonidos analógicos, y rechazo también a la electrónica más ‘cañera’ de las pistas de baile. Sequential Point ha encontrado su espacio vital y su nicho de mercado en esa zona oscura de la electrónica adulta, compleja, orgánica.

El disco se abre, literalmente, con Forest fire. La voz de Verónica desgrana una nana repetitiva y poco relajante, con mínimas referencias a M83. No es este un trabajo que vaya a producir bellos sueños. Los arpegios, el bajo y la percusión crean la atmósfera que sostiene al tema, y la ausencia de melodías pegadizas va a ser una característica constante hasta el final.

El segundo corte, Western wind, empieza con una potente secuencia de piano y una percusión rota que le da un gran dinamismo. Se mantiene el tono inquietante y poco a poco el piano cede el protagonismo a pura electrónica contemporánea de secuencias y efectos, en una deliciosa evolución musical.

Opportunity fue el single de presentación del disco. Es un tema vocal, pero las letras son más hipnóticas que descriptivas. La voz de Verónica y el ritmo definitivamente trip-hop nos traen reminiscencias de Hooverphonics. El cuidado en los detalles que Sequential Point ha puesto en todo el trabajo se manifiesta aquí en los envolventes juegos de panoramización y el tratamiento minimalista de la voz.

New vibrations trae de vuelta las referencias al M83 de ‘Dead cities, read seas & lost ghosts’ o incluso al Para One de ‘Naissance de Puivres’, aunque un poco escorado hacia la electrónica glitch. El bajo y la batería, más acústica en este tema, tienen el protagonismo absoluto. Llegando al final, nos sorprenden con unos interesantes efectos vocales al más puro estilo ‘A posteriori’ de Enigma.

The splintered everythings es posiblemente el tema más experimental del disco, un ambient inquietante sobre sensuales efectos vocales que sirve de puente hacia Winter Solstice, que es el tema ‘romántico’ del disco: harpa y voz forman la unión más melódica que vamos a encontrar en el conjunto. Aquí Verónica se transforma en un hada que se lamenta cantando desde la orilla de algún riachuelo en un bosque. El tono del tema, la instrumentación, el estilo… suena a herencia medieval de Pyramide. Se le podría achacar que rompe el estilo trip-hopero del resto de temas, pero se le perdona por su belleza y se agradece un remanso de paz y sencillez.

Blue Song es otro tema vocal, con todo el protagonismo para Verónica. Aunque la voz está tratada digitalmente, no está suavizada: es áspera y casi agresiva, en consonancia con la hipnótica cadencia del tema. En Back to zero no hay concesiones a una tentadora etiqueta pop. Es electrónica avant-garde con todas sus consecuencias.

Altair es un tema oscuro, al que le cuesta arrancar pero que adquiere potencia cuando lo hace. Vuelven los arpegios y secuencias de Forest Fire, y los constantes cambios en la percusión que rompen el tema, dándole variedad y dinamismo. Para que no falte de nada, se permiten un ligero toque étnico en las voces.

Le sigue Silken nightmares, otro tema ambiental y experimental, en la línea de The splintered everythings, aunque hacia el final hace un amago de desarrollo que queda truncado. Habría sido un gran acierto que este tema se fusionase con el siguiente. El ritmo sincopado de Change lleva irremediablemente a mover la cabeza en sincronía. El piano de base recuerda al Moby más melancólico, el de ‘One of these mornings’, pero pasado por un filtro más urbanita. Los ruidos de ambiente al inicio y al final son como paréntesis que encierran al tema, separándolo del resto y del fluir del disco.

Sequential Point

Si Winter Solstice era el tema romántico, Distant mountains es el tema épico. Aunque en el universo de Sequential Point el concepto de épica dista mucho de ser luminoso. Es este tema un buen resumen de todo el álbum: electrónica preciosista, ritmos variables con predominio del trip-hop y la IDM, melodías apenas definidas frente a la mayor relevancia de las atmósferas. Por momentos nos podríamos confundir con Aes Dana y olvidarnos de que Sequential Point no son escandinavos.

Y para terminar, Back to zero, el tema que da título al disco, es un breve corte de piano minimalista envuelto en efectos sonoros, muy ambiental y melancólico, como si quisiese hablarnos del recuerdo de algo pasado y acabado, como si quisiera expresar que toda vuelta al inicio, al cero, supone el abandono de algo.

Sequential Point ha cuidado los más mínimos detalles sonoros con un mimo impropio de la electrónica comercial. No es Back to zero uno de esos trabajos que entran fácilmente y se olvidan enseguida, sino que requiere su tiempo, dejarlo reposar, volver a él, investigarlo con lupa, aceptar sus propuestas sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Sus temas rebosan de referencias, conscientes o no, pero el grupo las hace suyas y las integra en una propuesta que exige al oyente algo más que una escucha pasiva. Y esto es lo mejor que se le puede pedir a un buen disco de electrónica.

Escucha Opportunity:

Back to zero

Back to zero

Back to zero is the debut album by Sequential Point, the contemporary electronic band formed by Adrián García, Fran Estévez and Verónica Díaz. Based on the island of Tenerife (Spain), their offer is one of the most interesting in the Spanish electronic scene, for what it means of giving up the traditional forms of space-music and analog sounds, and rejection of the more danceable electronic music. Sequential Point has found its vital space, its market niche in the dark zone of the adult, complex, organic electronic music.

The album opens, literally, with Forest fire. The voice of Verónica builds a repetitive and unrelaxing lullaby, with some references to M83. This is not a piece of work that’s going to produce beautiful dreams. The arpeggios, bass and drums create the atmosphere that holds the theme, and the absence of catchy melodies is going to be a constant characteristic until the end.

The second theme, Western wind, starts with a powerful piano sequence and a broken drum line that gives it dynamism. The disturbing tone remains and little by little the piano goes down and pure contemporary electronic takes its place with sequences and effects, in a delicious musical evolution.

Opportunity was the single introducing the album. It’s a vocal theme, but lyrics are more hypnotic than descriptives. The voice of Verónica and the ultimately trip-hop rythm bring us reminiscences of Hooverphonics. The attention that Sequential Point pays to the details shows here in the surrounding games of panoramization and the minimalistic treatment of the voice.

New vibrations brings back the references to M83’s ‘Dead cities, read seas & lost ghosts’ or even to Para One’s ‘Naissance de Puivres’, although a bit more inclined to glitch electronic.The bass and drums set, more acoustic in this theme, get all the importance. Near the end, they surprise us with interesting vocal effects in the more pure Enigma’s ‘A posteriori’ style.

The splintered everythings is probably the most experimental theme in the album, a disturbing ambient piece over sensual vocal effects, that works as a bridge to Winter Solstice, which is the ‘romantic’ piece in the album: harp and voice forms the more melodic bond we’re going to find in the whole. Here Verónica transforms into a fairy that moans singing from a stream’s edge in a forest. The tone of the theme, the instrumentation, the style… everything sounds like medieval heritage from Pyramide. It could be said that it breaks the trip-hop style of the rest of the themes, but we can forgive it because of its beauty and appreciate a haven of peace and simplicity.

Blue song is another vocal theme. Although the voice is digitally treated, it’s not soften at all: it’s rough and nearly agressive, in accordance with the theme’s hypnotic cadence. In Back to zero there are no concessions to a tempting pop tag. This is avant-garde electronic and assumes all the consequences.

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Follows Altair, a dark theme that takes its time to boot up, but gains power when it does. The arpeggios and sequences from Forest fire are back, like the constant changes in rythm that break the theme, giving it dynamism and variety. So nothing is missing, they introduce a light touch of ethnicity in the voices.

Silken nightmares comes later. This is a another ambient and experimental theme, in the line of The splintered everythings, although towards the end it makes an attempt of development that remains truncated. It would have been a better option to fade this theme into the next.

The syncopated rythm of Change takes the listener to inevitably move the head. The base piano reminds of the more melancholic Moby, the one from ‘One of these mornings’, but filtered through an urban filter. The ambient noises in the beginning and the end are like brackets that enclose the music, taking it away from the rest and from the flow of the album.

If Winter Solstice is the romantic theme, then Distan mountains is the epic one. Although in the universe of Sequential Point the idea of epic is far from luminous. This theme is a good summary of the whole album: affected electronics, variable rythms with predominance of trip-hop and IDM, barely defined melodies against a major relevance of atmospheres. We could be mistaken with Aes Dana and forget that Sequential Point doesn’t come from Scandinavia.

To finish, Back to zero, the theme that gives name to the album, is a short piano piece, minimal, wrapped in sonic effects, very ambient and melancholic. It is as if they were telling us about the memory of something passed and finished, as if they wanted to express that every going back, to zero, means giving something up.

Sequential Point has taken care of the minimun sonic details with a caress unlikely in commercial electronic music. Back to zero is not an easy-listening work that might be quickly forgotten. It takes its time, you have to let it settle, and come back later, you have to investigate it with a glass, accept its propositions without prejudices or preconceived ideas. Their themes overflow with references, conscious or not, but the band make them theirs and integrate them in a proposal that demands from the listener something more than a passive listening. And this is the best that can be expected from an album of good electronic music.

Listen to Opportunity:

Man of Steel

Man-Of-Steel

Tras el enorme éxito de crítica y, sobre todo, público de la trilogía del Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2005, 2008 y 2012), era sólo cuestión de tiempo que el otro personaje estrella de la editorial DC sufriese su inevitable reboot: Superman volaría… de nuevo.

Que el propio Nolan fuese contratado como asesor fue, desde el inicio, motivo de alegría para los fans, muy satisfechos con el trabajo realizado con Batman. A saber: hacer al personaje más real, más oscuro, más humano. Pocas voces se pudieron oír argumentando que eso era precisamente lo que Superman no necesitaba, sobre todo después del intento de ‘Superman Returns’ (Bryan Singer, 2006) de llevar al hombre de acero por ese mismo camino.

Como contrapeso (y alivio para muchos) se vio la llegada de Zack Snyder a las labores de director. Si por algo se caracteriza el cine de este hombre es por su potente estilo visual, su sentido del espectáculo y su habilidad para trasladar a la pantalla lo que todo el mundo creía que era imposible de trasladar: ‘Watchmen’ (A. Moore, 1986) y ‘300’ (F. Miller, 1998).

Así que, contando con Nolan como asesor creativo y el ojo de Snyder en la dirección, el último hijo de Krypton no podía estar en mejores manos.

El nivel de hype alcanzado por este estreno ha sido altísimo. Los primeros trailers de la película eran potentes, intensos, épicos, prometedores… Eran magníficos porque tenían lo que le falta a la película: mesura. Man of Steel es un derroche de espectáculo, una montaña rusa sin tregua ni pausa, una apisonadora que se lo lleva todo por delante, que aplasta al espectador con montañas de efectos especiales, de acción y más acción imparable. Parece que los responsables se hubiesen propuesto no dejar pensar ni un segundo al espectador. Porque si piensa… el castillo de fuegos artificiales se muestra como lo que es: una ilusión sin contenido.

Un aspecto que funcionaba muy bien en la trilogía de Batman era la novedad de lo que se contaba. Aun con cuatro películas anteriores, había fragmentos en la historia de Bruce Wayne que no se habían contado, y en ellos se concentraba Batman Begins (C. Nolan, 2005), para en las posteriores entregas desarrollar el personaje sobre esos fundamentos. En este sentido, Man of Steel partía en desventaja, pues los orígenes y desarrollo del personaje son bien conocidos. Y sin embargo, en lugar de buscar un nuevo enfoque, inexplicablemente, Snyder comienza la película empleando veinte minutos de metraje en narrar exactamente lo mismo que Richard Donner había contado en la mitad de tiempo en ‘Superman’ (R. Donner, 1978).

Sigue luego una segunda parte de película más interesante. No por novedoso, pues vuelven a contarnos las historias de juventud de Clark Kent, su relación con sus padres adoptivos, y su lenta asunción de sus poderes, hasta su encuentro en la Fortaleza de la Soledad con Jor-El y su transformación en el héroe de la capa roja. Por cierto que Donner se atrevió a contratar a Marlon Brando y dejarle diez minutos en pantalla, y me da que con Russell Crowe no se han atrevido a hacer lo mismo… Al menos en este tramo la estructura del relato cambia (apostaría a que los flashbacks fueron idea de Nolan), se ahonda (un poco, no vayan a pensar que esto es una película de Malick) en las inquietudes y los miedos de este ser extraterrestre y ¡hay diálogos! Se aprovecha, además, este tramo de relativo relax, para introducir (más bien con calzador) a Lois Lane y su relación con Clark Kent/Superman.

Y después… el desastre. Snyder emplea el considerablemente largo tercer acto para contarnos lo mismo que Donner y Lester nos habían contado en ‘Superman II’ (R. Lester, 1980). Que sí, que es el mito, que el enfrentamiento con Zod será lo que defina al personaje en próximas entregas y que había que contarlo (¿otra vez?), pero sin el factor sorpresa ya sólo hay una forma de intentar ganar la batalla: superioridad numérica. Y en este caso las tropas son minutos y más minutos de acción espectacular. Ojo, muy espectacular y muy bien hecha, que Snyder no es Bay, pero después de 10 minutos de destrucción masiva de edificios, más acción espectacular simplemente cansa. Uno se deja llevar, deja de pensar en los agujeros de guión que ha ido viendo, deja de preocuparse por los personajes, se sale de la historia y, al final comete pecado mortal en este tipo de películas: se aburre.

Y ¿hay algo peor que aburrirse con una película de Superman? Sí: salir del cine sin poder tararear ninguna música.

Man of Steel

Man-Of-Steel

After the huge success of critic and public obtained by the Dark Knight trilogy (Christopher Nolan, 2005, 2008 and 2012), it was just a matter of time for the other DC’s star to suffer its reboot: Superman would fly… again.

It was very well received that Nolan himself would work as creative consultant, because of his work with the Batman character: he made him more realistic, darker, more human. There were very few voices, nearly unaudible, that sayd that those things were precisely what Superman didn’t need. More so, after ‘Superman Returns’ (Bryan Singer, 2006) tried to walk that path, too.

As counterweight (and relief to many) came Zack Snyder to direct. If anything characterizes this man films, it would be his powerful visual style, his sense of show and his ability to take into the screen what everybody thought was impossible to take: ‘300’ (F. Miller, 1998). and ‘Watchmen’ (A. Moore, 1986).

So, with Nolan as creative consultant and Snyder directing, the last son of Krypton couldn’t be in better hands.

The level of hype reached by this film was very high. The first teasers were powerful, intense, epic, promising… They were wonderful because they had what the film doesn’t: mesure. Man of Steel is an extravagance of spectacle, a roller-coaster without pause or truce, a steamroller that crushes the spectators with mountains of special effects, action and more unstoppable action. It seems as if the people responsible had the goal of not letting anyone think very much. Because if we think about it… the fireworks castle appears as what it really is: a void delusion.

An aspect that worked very well in the Batman trilogy was the novelty of what it told. Even with four previous movies, there were still fragments of Bruce Wayne’s story that remained untold. And on those pieces focused Batman Begins (C. Nolan, 2005), to fully develop the character over those foundations in the next installments. In this sense, Man of Steel started with a disadvantage, because the origins and development of the character are well known. However, instead of looking for a new point of view, inexplicably Snyder starts the film employing twenty minutes of film in telling exactly the same thing that Richar Donner had told us in half the time in ‘Superman’ (R. Donner, 1978).

Then comes a more interesting second part of the movie. Not because it’s new, because it tells again the youth of Clark Kent, his relationship with his adoptive parents, the slow assumption of his powers, until his meeting in the Fortress of Solitude with Jor-El and his transformation in the hero of the red cape. By the way, Donner dared to hire Marlon Brando for merely 10 minutes of screen time, and I guess they didn’t dare to do the same with Russell Crowe. At least in this part of the movie the editing structure changes (I would bet it was Nolan’s idea to have flashbacks), and they delve a bit (just a bit, don’t forget this is not a Malick’s film) in the worries and fears of this alien. And there are dialogues! They also get to introduce (with shoehorn) the Lois Lane character and her relation with Clark Kent/Superman.

And after that… the disaster. Snyder uses the extremely long third act to tell us the same that Donner and Lester had told us in ‘Superman II’ (R. Lester, 1980). Yes, it’s the myth, the fight with Zod would define the character in the future, and it had to be told (again?), but without the element of surprise, there’s only one way to win the battle: numeric superiority. And here the troops are minutes and minutes of spectacular action. Very spectacular and very well done, because Snyder isn’t Bay, but after ten minutes of massive destruction of buildings, more action simply tires. One just lets himself go, stops thinking about the plot holes, stop worrying about the characters, gets out of the story and, in the end, commits deathly sin in this type of films: gets bored.

And, is there anything worst than getting bored with a Supeman movie? Yes: being unable to get out of the cinema humming any music.

Stoker: poesía del mal

Hay una araña en el zapato de India. Ella no la ha visto, pero de alguna manera, lo sabe.

Stoker

El día en que India Stoker (Mia Wasikowska) cumple 18 años es el mismo día en que su padre muere en un accidente y su misterioso tío Charlie (Matthew Goode) acude a pasar una temporada con ella y con su inestable madre (Nicole Kidman) en la lujosa mansión de la familia.

Se adivina fácilmente un triángulo de emociones que Hitchcock ya presentó en ‘La sombra de una duda’ (1943), pero que el guión de Wentworth Miller va a llevar por un camino muy diferente: esta película, del director surcoreano Chan-Wook Park, es un preciosista y poético cuento gótico sobre el mal y su irresistible poder seductor.

Popularmente, un vampiro es una criatura nocturna que se alimenta de la sangre de sus víctimas. Se los ha representado muchas veces como criaturas tan malvadas como hermosas. Podría decirse que en ‘Stoker’ también hay un vampiro, pero que no se alimenta de sangre, sino de cualquier atisbo de inocencia o bondad. Con su infinito poder de atracción, seduce a todos a su alrededor, llevándolos a una espiral de desconfianza, violencia y muerte de difícil escapatoria. Mia Wasikowska, que ya había caído por la madriguera del conejo en ‘Alicia en el País de las Maravillas’ (Tim Burton, 2010), cae en este film por un tobogán mucho más morboso y oscuro.

La araña sube por la pierna de India. Ahora sí la nota claramente. Sólo tiene que mover la mano para apartarla, pero no lo hace.

Si bien el argumento es relativamente previsible, visualmente ‘Stoker’ es una maravilla. Cada plano, cada movimiento de la cámara, es un verso de este macabro poema. Detalles aparentemente irrelevantes son inquietantes símbolos de la inocencia, el paso a la edad adulta, el despertar a la sexualidad, la vida o la muerte. Todo está orientado a crear un opresivo sentimiento de desasosiego: la gran casa familiar con sus habitaciones vacías, los oscuros bosques a su alrededor… Lugares comunes del género, sí, pero que funcionan perfectamente.

Los diálogos son breves, esporádicos, entrecortados o a media voz. Los personajes hablan más con los ojos, con las medias sonrisas, con las manos, con los silencios… Sin una palabra, un dueto en el viejo piano de cola se transforma, poco a poco, en un crescendo de erotismo casi salvaje.

Aunque la pieza de esta escena es de Philip Glass, la partitura principal es de Clint Mansell: bella como una nana y tétrica como un réquiem. Representa perfectamente las dos caras de esta historia de horror y transgresión, de monstruos que fueron y de monstruos que inevitablemente serán.

La araña desaparece entre las piernas de India.

Stoker: poetry of evil

There is a spider on India’s shoe. She hasn’t seen it, but somehow she knows it.
Stoker
The day India Stoker (Mia Wasikowska) turns 18 is the same day when her father dies in an accident, and her misterious uncle Charlie (Matthew Goode) comes to spend some time with her and her unstable mother (Nicole Kidman) at the family’s mansion.

It’s easy to guess the emotional triangle already presented in ‘Shadow of a doubt’ (A. Hitchcock,1943), but here the script by Wentworth Miller takes a very different way: this film, by South Korean director Chan-Wook Park, is an affected and poetic gothic tale about evil and its irresistible power of seduction.

Commonly, a vampire is a night criature that feeds on their victim’s blood. They’ve been represented many times as creatures as wicked as beautiful. It could be said that there’s also a vampire in ‘Stoker’, although it doesn’t feed on blood, but on any trace of innocence or goodness. With its infinite power of attraction, seduces everyone around it, taking them through an spiral of mistrust, violence and death, difficult to scape from. Mia Wasikowska, who already felt through the rabbit hole in ‘Alice in Wonderland’ (T. Burton, 2010), falls this time through a much more unhealthy and darker sledge.

The spider climbs India’s leg. Now she clearly feels it. She only has to move her hand to move it aside, but she doesn’t.

Although the plot is quite predictable, ‘Stoker’ is visually splendid. Every shot, every camera movement, is a verse in this macabre poem. Details irrelevant in appearance are indeed disturbing simbols of innocence, of transition to adulthood, of sexual awakening, of life and death. Everything has the only purpouse of creating an oppresive feeling of unease: the big family house with its empty rooms, the dark forests surrounding it… Yes, they’re genre topics, but they work.

The dialogs are short, occasional, intermittent or half voiced. The characters speak more with their eyes, their half-smiles, their hands or their silences. Without a word, a duet played in the old grand piano transforms, slowly, in a crescendo of nearly raw erotism.

Although the piece in that scene is by Philip Glass, the main music is by Clint Mansell: beautiful like a lullaby and gloomy like a requiem, perfectly mirroring both sides of this horror and transgression story, of monsters that were, and monsters that inevitably will be.

The spider disappears between India’s legs.

Espontaneidad no es lo mismo que improvisación

Esta es una de las cosas que se aprende en los encuentros (no lo llaméis funciones) de la compañía de teatro espontáneo La Barca. Otra cosa que se aprende es que en teatro espontáneo lo que importa está aquí y ahora: cada encuentro, por su propia naturaleza, es único e irrepetible. Las historias de hoy serán distintas a las de mañana, y no perdurarán más que para quienes las vivieron. Cuando sale bien, la gloria de estos actores y actrices es efímera; si no saliese bien… bueno, también sería efímero.

Renegar de la inmortalidad tendrá sus ventajas y sus inconvenientes, pero no es una merma de la exigencia. Más bien parece un acicate: no habrá segunda oportunidad, no habrá más ensayos y no se podrá corregir ni cambiar nada. Es aquí, y ahora.

La Barca. Otro teatro.

Cada encuentro es, entonces, una sorpresa. Para el público, pero también para los actores y las actrices, que en pocos segundos tienen que cambiar quiénes son, asumir otras personalidades, hacerlas corpóreas y expresivas, hacernos ver, y vivir, una historia que acabamos de conocer porque alguien del público, amablemente, ha querido compartirla. Hace falta valor, resolución, ingenio, sentido del humor a veces, sentido del drama otras, elocuencia, expresividad, capacidad de improvisación diría yo, pero ellas dirían que es espontaneidad. Y da la impresión de que esta barca lleva una buena provisión de todas estas cosas.

Como en un espectáculo de magia, en pocos segundos se materializa ante nuestros ojos una breve escena de la vida, cotidiana y humana, tan digna como cualquier gran tragedia, pero mucho más próxima y, por ello, mucho más emotiva. A veces es todo el grupo el que participa, moviéndose por todo el escenario con gran alboroto, con atrezzo e incluso participantes del público; otras veces, son sólo una o dos personas, contenidas, dándole a los mínimos gestos, a un detalle de expresión facial, el mayor de los sentidos. Lo hacen tan bien, que parece fácil. Pero fácil es representar a Shakespeare, porque otros ya lo hicieron antes. De estas historias no hay referentes, nadie las hizo antes, y nadie las hará después. Es aquí, y ahora.

Como músico, no podía dejar de notar la música. En el conjunto de una orquesta, el violonchelo no parece un instrumento destacado; sin embargo, en solitario, es uno de los más expresivos. Equivocadamente podría pensarse que es sólo un complemento, pero tener a una chelista a bordo es un grandísimo acierto: la interpretación durante los interludios evita que se rompa la magia en las inevitables pausas, y acompañar las representaciones con música les da un carácter casi cinematográfico y mayor intensidad emocional.

La Barca. Otro teatro.

Al final, las emociones son lo que cuentan en estos encuentros: emociones en bruto que salen del público mismo, son pulidas en tiempo real por la directora y nos son enviadas de vuelta, pero amplificadas a través de la representación. Esa es la capacidad, la virtud, la magia, del teatro espontáneo.

P.D.: Antes habría dicho que este texto era improvisado, pero ahora creo que más bien ha sido espontáneo.

Spontaneity is not the same as improvisation

This is one of the things you learn from the encounters (don’t call them performances) with the spontaneus theather company ‘La Barca‘. Another thing you learn is that, in spontaneous theater the things that matter are here and now: each encounter is, because of its own nature, unique and once-in-a-lifetime. Today’s stories will be different from tomorrow’s, and will not last but for those who lived them. When everything goes right, the glory for these actors and actresses is brief; if it wouldn’t go right… well, it would be brief, too.

Rejecting inmortality may have its advantages and disadvantages, but it is not a decrease of thoroughness. It seems more like an incentive: there will be no second chance, there will be no more rehearsals and nothing could be mend or changed. It is now and here.

La Barca. Otro teatro.

Every meeting is a surprise. To the audience, but also to actors and actresses, who in a few seconds must change who they are, assume other personalities, make them physical and affectionate, make us watch, and live, a story we have just known because someone from the public, kindly, decided to share it. It requieres courage, resolution, wit, sense of humour sometimes, sense of drama others, eloquence, expressivity, I would say capacity of improvisation, but they would say it is spontaneity. And it looks like this boat carries a good load of all this things.

Like in a magic show, in a few seconds a short scene of life materializes before our eyes. It is daily and human, as deserving as any great tragedy, but much closer, and because of this, much touching. Sometimes it is the whole group that takes part, moving around the stage with great racket, with atrezzo or even participants from the audience; other times, it is only one or two people, contained, giving to the minor gesture, to a facial expression detail, the biggest meaning. They do it so well that it seems easy. But playing Shakespeare is easy, just because others did it before. There are no models for this stories: no one played them before, and no one will play them after. It is here and now.

As a musician, I couldn’t leave the music unnoticed. Within a orchestra, the cello doesn’t seem to stand out; however, playing alone, can be one of the most expressive. It could be mistakenly believed that it is just an accesory, but to have a cellist on board is a wise choice: playing music during the interludes prevent the magic’s break and when played during the acts, it gives the whole a cinematographic nature and a higher emotional intensity.

La Barca. Otro teatro.

In the end, it is emotions what count in these meetings: raw feelings coming from the audience itself that are polished in real time by the director and given back to us, but enlarged through the performance. That’s the ability, the virtue, the magic of spontaneus theater.

P.S.: Before, I would have said that this text was improvised, but now I think it’s spontaneous.

The Dark Knight Rises

Si no has visto TDKR, deja de leer y ve a verla. Avisado estás.

Se acabó. La trilogía del caballero oscuro de Christopher Nolan ha llegado a su fin, fiel a su estilo y a ese concepto que introducía al final de su primer capítulo: escalada.

‘Batman Begins’ (C. Nolan, 2005) reiniciaba la saga narrando el origen del personaje y ese oscuro período de tiempo entre la muerte de Thomas y Martha Wayne y el regreso del ‘príncipe de Ghotam’ a la ciudad. Pero lo más importante, y el gran acierto de la película, es que toda la estructura de la trama está encaminada a un único objetivo: hacer a Batman creíble. Cada decisión que toma Bruce Wayne, ya sea marcharse de Gotham, ya sea vestirse de murciélago, tiene una razón; cada gadget que añade a su equipo (desde la capa hasta el batmóvil) tienen un origen explicado y una razón para ser utilizado. Este realismo se extiende también a sus enemigos: ni Ra’s Al Guhl ni el Espantapájaros son personajes planos, sino que tienen sus motivaciones (más o menos profundas en cada caso).

En cuanto a historia, Batman Begins bebe directamente del cómic ‘Batman: Year One’ (Miller, Mazzuchelli, 1987) y, como allí, se justifica la existencia de Batman como un símbolo que traerá el miedo al corazón de los malhechores. Será ‘el señor de la noche’.

Y el título de la segunda entrega no puede ser más prometedor. Ya no es Batman: ahora es ‘El caballero oscuro’ (C. Nolan, 2008). Esta película, unánimemente considerada la mejor de la saga, funciona como un perfecto engranaje, una pieza de relojería en la que nada falta y nada sobra y en la que las actuaciones de todos los personajes son brillantes: Christian Bale es un Batman apremiado por colgar la capa y llevar una vida normal que ve su oportunidad en el ascenso social del nuevo fiscal del distrito, Harvey Dent, y no es capaz de ver la gran tragedia que se avecina de la mano de un misterioso individuo que se hace llamar el Joker, hasta que es demasiado tarde para todos.

Si en ‘Batman Begins’ el tema subyacente era el miedo y cómo ésta transforma a las personas, en ‘El caballero oscuro’ es la dicotomía orden-caos. No necesitamos conocer el origen del Joker para entender que es un agente del caos, una fuerza de la naturaleza que empuja al resto de personajes hacia decisiones que los marcarán definitivamente, tanto literal como figuradamente.

Al final Bruce Wayne tendrá que colgar la capa, pero no como él esperaba: ahora es un proscrito, un outsider, un verdadero ‘caballero oscuro’ al margen de la ley y de la sociedad. Exactamente como es en los comics. En dos películas, Christopher Nolan ha puesto al personaje en el lugar que le corresponde, el lugar al que pertenece.

Y llega ‘The Dark Knight Rises’. El inicio es brillante. La presentación de Bane es brutal; sin ser uno de los personajes más carismáticos del universo de Batman, sí es uno de los pocos que puede representar un verdadero desafío, tanto físico como mental. Y la interpretación de Tom Hardy es excelente, teniendo en cuenta que durante toda la película lleva la cara cubierta con una máscara, por lo que sólo puede valerse de sus ojos y del lenguaje corporal.

Por su parte, la química entre Selyna Kyle (Anne Hathaway) y Bruce Wayne es magnífica y dará los toques de humor justos y necesarios a la película. Y, nada más aparecer, el agente John Blake (Joseph Gordon-Levitt) recuerda a alguien, sí, a ese que te viene a la mente enseguida… Y funciona, vaya si funciona… Tanto, que no era necesario aclararlo al final. ¿No habría sido mejor dejar al espectador con esa sensación de “¿ese no será…?”.

El Bruce Wayne decadente y retirado de la vida pública es una referencia directa a lo mejor de “Return of the Dark Knight” (Frank Miller, 1986). También se apoya la película, y mucho, en “Knightfall” (Dennis O’Neall, 1992) y la macrosaga “Tierra de Nadie” (1999). Una sucesión de eventos que llevará a Batman a regresar, caer, y renacer como una leyenda.

Sin embargo, algo falla. En esta película, ¿dónde está el caballero oscuro? Está Bruce Wayne, con sus gadgets y su determinación, sí, pero, ¿dónde está el señor de la noche? Es más, ¿por qué casi nunca es de noche? ¿Qué fue de aquello de llevar el miedo al corazón de los malhechores? Hay un momento esperanzador: el fiel Alfred advierte a Bruce de que no debe confiar únicamente en la tecnología y la fuerza bruta para vencer, debe ser algo más… Pero es Nolan quien parece no escuchar el consejo y lleva la película más hacia el espectáculo de acción con clichés antes que hacia una historia más compleja, a otro nivel, como era ‘The Dark Knight’.

No todo el mundo sabe que, en los comics, uno de los apodos de Batman es, simplemente, “el detective”. Irónicamente es Ra’s Al Guhl quien con más frecuencia lo denomina así, por su capacidad de deducción, sus habilidades como investigador y su costumbre de adelantarse, antes con su inteligencia que con su fuerza, a sus enemigos. No hay nada de eso en TDKR… Acción mucha, emoción poca, inteligencia ninguna.

La escalada que se inició al final de ‘Batman Begins’ ha tocado techo, y por el camino se ha dejado no sólo la verosimilitud que tan concienzudamente se forjó durante dos películas y media. El gran acierto de Christopher Nolan fue construir una historia de Batman en la que, como espectadores, no hacía falta suspender la credibilidad: todo era plausible y realista, todo estaba justificado. Incluso se le acusaba de haber abandonado el “sentido de lo maravilloso” que debía tener una película de “superhéroes”. Pero es que las suyas no lo eran: eran historias sobre seres de carne y hueso, con miedos, flaquezas y fortalezas, con relaciones personales totalmente creíbles, y las máscaras, literales y figuradas, estaban perfectamente explicadas. En su tramo final, TDKR pide al espectador que suspenda la credibilidad, pero ya es demasiado tarde.

En la escalada también se ha quedado por el camino el señor de la noche. Por suerte, para recuperarle ahí está “Batman: the animated series”, que sigue siendo la mejor adaptación del personaje, en toda su esencia, a la pantalla.

The Dark Knight Rises

If you haven’t seen TDKR, stop reading now and go and watch it. You’re warned.

It’s over. The dark knight trilogy by Christopher Nolan has reached its end, faithfull to its style and to that concept introduced at the end of the first chapter: scalation.

‘Batman Begins’ (C. Nolan, 2005) rebooted the saga telling the origin of the character and that obscure period of time between the deaths of Thomas and Martha Wayne and the return of the ‘prince of Gotham’ to the city. But the important point, and the wise move of the movie, was that every piece of its structure and narration was heading to a solely objective: make Batman believable. Every decision Bruce Wayne takes, from leaving Gotham to dress as a bat, has a reason; each gadget added to his equipment (starting with the cape and following with the batmobile) has an explained origin and a reason to be used. This realism extends to the rest of the characters: either Ra’s Al Guhl nor the Scarecrow are plane characters, but they have their motivations (more or less profound in each case).

As regards the story, ‘Batman Begins’ drinks directly from the comic ‘Batman: Year One’ (Miller, Mazzuchelli, 1987), and, like there, justifies the existence of the Batman as a symbol that will bring fear to the heart of the criminals. He will be ‘the lord of the night’.

And the title of the second entry can’t be more promising. It’s no longer the Batman: it’s ‘The Dark Knight” (C. Nolan, 2008). This film, unanimously considered the best in the saga, works as a perfect machinery, a pice of clockwork where nothing is missing and nothing is left over. The performances are brilliant: Christian Bale is a Batman urgent to hang the cape and live a normal life who sees his opportunity in the social promotion of the new district attorney, Harvey Dent. But he can’t see the great tragedy that’s approaching at the hands of a misterious character who calls himself The Joker, until it’s too late for everyone.

If the underlying theme in ‘Batman Begins’ was fear and how it transforms people, in ‘The Dark Knight’ it’s the dichotomy order-chaos. We don’t need to know the Joker’s origin to understand that he’s an agent of chaos, a force of Nature that pushes all the other characters towards decissions that will mark them forever, in a literal or a figurative sense.

By the end, Bruce Wayne will have to hang the cape, but not the way he expected: now he’s banished, an outlaw, a real ‘dark knight’ out of society. Exactly as he is in comics. Within two films, Nolan sets the character in the place where it belongs.

And then ‘The Dark Knight Rises’ arrives. The beginning is brilliant. Bane’s introduction is brutal; he may not be one of the most charismatics characters in the Batman universe, but he’s indeed one of the few who means a physical and mental challenge. And Tom Hardy’s performance is excelent, considering that he spends the whole movie carrying a mask, so he can only rely on his eyes and body language.

On the other hand, the chemistry between Selyna Kyle (Anne Hathaway) and Bruce Wayne is great and will provide the right and necessary touches of humor. And, since the very first moment he enters the screen, the agent John Blake (Joseph Gordon-Levitt) reminds of someone, yes, that one who comes to your mind very quickly… And it works, it really works. So much, that it was not necessary to make a final explanation. Wouldn’t it had been better to leave the spectator with that feeling of “wasn’t he…”?

The decadent and retired from social life Bruce Wayne is a direct reference to the best part of “Return of the Dark Knight” (Frank Miller, 1986). The film also sets its foundations in “Knightfall” (Dennis O’Neall, 1992) and the macrosaga “No man’s land” (1999). A series of events that will take the Batman from retirement, to fall and to rise again, as a legend.

However, something fails. In this film, where the hell is the dark knight? There’s Bruce Wayne, with all his gadgets and determination, yes, but, where is the lord of the night? What is more, why is so often not at night? What happened with that idea about bringing fear to the heart of criminals? There’s a hoping moment: the loyal Alfred tells Bruce that he must not trust just the technology and the strength to defeat his opponents. He must be something else… But it’s Nolan who seems to pretend not to hear the advice, and takes the movie in the direction of the clichéd action spectacle, instead of developing an another level more complex story, as “The Dark Knight” was.

Not everybody knows that, in comics, one of Batman’s nicknames is just ‘the detective’. Ironically, it’s Ra’s Al Guhl who most frequently calls him this way, for his capacity of deduction, his skills as investigator and his habit to overtake his enemies with his intelligence more often than with his strength. There’s nothing about this in TDKR… A lot of action, not so much emotion and none of intelligence.

The scalation that started at the end of ‘Batman Begins’ has reached its peak, and on its way it has left behind not only the credibility that so hardly was forged during two and a half movies. Christopher Nolan’s wise move was to build a Batman’s story in which, as spectators, we didn’t have to suspend our credibility: everything was plausible, everything was realistic and was justified. He was even accused of abandoning the “sense of wonder” that movies about superheroes were expected to have. But his movies weren’t about superheroes; they were about characters of flesh and bones, with fears, strenghts and weaknesses, with realistic personal relations, and the masks, the literal and the figuratives, were perfectly explained. In it’s final part, TDKR asks the spectators to suspend their credibility. But it’s too late.

In the scalation was also left behind the dark knight. Luckily, we can bring him back from ‘Batman: the animated series’, still the best adaptation of the character on screen.