Música de cine en la Axerquía

13/09/2008

La luna llena de septiembre en el cielo. En el suelo, dos mil personas sentadas en las gradas y sillas del Teatro de la Axerquía. Primero suben al escenario los músicos, la Orquesta de Córdoba, de estricta etiqueta, con sus preciosos instrumentos de trabajo: violines, violas, contrabajos, trompas, flautas, oboes, fagots, arpa, piano… Cada uno una pieza necesaria del puzzle sonoro. Después, el coro Ziryab: setenta y cinco hombres y mujeres de negro riguroso que ocupan su lugar en filas al fondo. Resulta paradójico que la armonía tenga su inicio en forma de caos: sobre una nota sostenida, cada músico va afinando su instrumento. Hasta que lo consigue, la disonancia puede llegar a ser realmente molesta (por fortuna, son profesionales).

Coro Ziryab

Coro Ziryab

Finalmente, entra en el escenario el director. Roque Baños. El murciano cumple 40 años este 2008, pero no los aparenta. Con esta edad, ¿quién podría decir que es uno de los compositores de música de cine más importantes y conocidos no sólo en nuestro país, con más de treinta películas bajo su batuta, y además puede dirigir la orquesta en vaqueros oscuros y camisa blanca?

Silencio primero, que se podría cortar, y luego, lentamente, con movimientos suaves, acompasados, va surgiendo el sonido, la melodía, la armonía, las notas melancólicas de Carreteras secundarias o Segunda piel, las inquietantes de La comunidad, las épicas de El corazón del guerrero o las elegíacas de Las 13 rosas. Sobre todos ellos, en una pantalla, se suceden las imágenes, en unas ocasiones fotos fijas, en otras vídeo en movimiento, fragmentos de las mismas películas cuya música escuchamos en perfecta sincronía.

Y el coro. La orquesta es pura belleza, pero cuando canta el coro, esa belleza adquiere otra dimensión. La suite de Frágiles es una tormenta de inquietud seguida de la más absoluta y gélida tristeza en las voces de las sopranos del coro Ziryab. Alatriste es la historia de un tiempo y un hombre, un perdedor nato fiel a su código de honor hasta el último momento, y la partitura de Baños es fiel también a la melancolía del que se sabe atrapado por el destino. El final es apoteósico, la percusión a toda potencia, las cuerdas y los metales son épica pura y las voces… bueno, hay que vivirlo. Pero cuando acaba nos ponemos todos en pie, en un acto de honrosa rendición: la orquesta de Córdoba, el coro Ziryab y Roque Baños nos han derrotado.

En la Axerquía, durante dos horas, el espectáculo funciona como un engranaje perfecto: cada pieza encaja en su lugar en el momento preciso. Con tanta naturalidad, que sólo somos conscientes del resultado, pero nunca del proceso. En parte, en ello radica el éxito. Sin embargo, he tenido la oportunidad (nunca lo suficientemente bien agradecida) de asistir a los ensayos previos a este concierto. Y cambia la perspectiva.

El ensayo es en el Gran Teatro, en la última planta, en una sala con el techo de madera abuhardillado. Amplia lo justo para que los músicos tengan su espacio sin molestar al compañero, pero poco más. En ese espacio, los músicos son, ahora sí, personas. Ni rastro de etiqueta: camisetas, vaqueros, camisas, calzado deportivo… lo que sea necesario para estar cómodo, porque van a ser muchas horas aquí. El director es el director porque se coloca en el atril, si no Roque Baños, vestido de sport, pasaría totalmente desapercibido. En esta ocasión, compositor y director coinciden en la misma persona. Las consecuencias son un afán de perfección desmedido y un conocimiento absoluto de la obra, por lo que las cuestiones que plantean los intérpretes son rápidamente respondidas. Es una clase magistral. Pero, incluso en este momento, sólo es la punta del iceberg. ¿Cuántas horas habrán dedicado, cada uno, en solitario, a repetir una y otra vez cada compás? También está el coro, claro. Calientan voces con ejercicios ¿sencillos? antes de subir y listos para representar su papel en la obra polifacética de Baños. Uno a uno, al hablar con ellos, sus voces suenan como la tuya o la mía. Nadie podría adivinar la magia que se esconde detrás de esas voces. O quizás Javier Sáenz-López Buñuel, director del coro, sí pudo intuirlo. En cualquier caso, cuando suenan al unísono, o cuando una de ellas hace un solo… bueno, hay que vivirlo.

Porque los he visto equivocarse y corregir, repetir una vez y otra, porque he visto su esfuerzo y tenacidad, y también su alegría por el trabajo bien hecho, por todo ello, ponerme en pie y aplaudir al final del concierto en la Axerquía no es un gesto mecánico, sino muy consciente, y tampoco es porque haya “quedado bonito”. Es admiración y respeto.

4 pensamientos en “Música de cine en la Axerquía

  1. He compartido con todos mis compañeros tu mensaje a través del foro del coro porque nosotros no sólo nos estremecemos cuando cantamos y escuchamos el resultado final junto con la orquesta viendo cómo nuestras humildes voces son un granito de arena de esa gran montaña, sino también cuando sabemos y comprobamos que ese resultado ha llegado al corazón de otras personas.

    Eso nos hace sentir genial!

    Un fuerte beso y mil gracias por tus palabras, Antonio!

    Seguro que a tí también te pasa lo mismo y te sientes extraño cuando alguien te da la enhorabuena o expresa su admiración hacia tí después de un concierto. Seguro que piensas: ¡pero si yo sólo soy Antonio! jajaja

  2. Ya os vale a los dos (a ti y a Inma) con hacerme llorar en el curro, no? Por lo menos siento que sirvo para algo…

    Graciaaaaaaaaaaaaaaas!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. Tu relato es sencillamente maravilloso, y como no podía ser de otra forma he acabado llorando como una Magdalena…
    Gracias por compartir con nosotros tu valiosa sensibilidad y por hacernos sentir especiales…
    Ojalá la música sirviera para unirnos…
    Besos a todas las personas que se estremecen ante lo bello…

  4. Hola Antonio. NO te conozco de nada pero me encantaría agradecerte tus palabras.
    No sé como se sentirán los demás pero mi experiencia personal en este concierto ha sido la siguiente.
    Los días de grabación en realidad fueron muy divertidos, no sé, todos queremos mucho a Roque y el orgullo que me daba tenerlo delante…es increible. Somos personillas con cuestiones personales que sinceramente cuando estoy ahí quedan en segundo plano. Es otro mundo para mi. Por desgracia cuando acabó la grabación tuve la mala suerte de pillar unas anginas impresionantes y no supe si iba a cantar hasta el último momento. Estuve llorando hasta el viernes por la noche y por fin podía hablar. Imagínate pues como viví el concierto. Y sobre todo, no sé si alguien se siente como yo pero después de cada concierto con el ziryab me quedo fatal. Super deprimida porque es tanta la tensión, la emoción, lo que uno da, que me quedo completamente vacía. Necesito un tiempo para recuperarme. Y si te digo la verdad, el día que deje de sentirme vacía tras algo así, empezaré a preocuparme porque no canto por otra cosa que no sea el gusto por cantar. Gracias por estas oportunidades, gracias a Roque por su cercanía, gracias a Javier por aceptar mi humilde voz en el coro, y gracias a la gente como tú por hacernos ver que lo que hacemos sirve para algo. MIL BESOS

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