Enya eterna

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Y llegó el invierno… Y con él sus invitados, y entre ellos una mujer muy especial: Eithne Ní Bhraonáin, aunque en la leyenda el nombre que perdurará será el de Enya.

Cuentan las crónicas que llegó a Gweedore, en el condado de Donegal (Irlanda), el 17 de mayo de 1961. Con cuatro hermanos y cuatro hermanas, participó en el grupo familiar Clannad: como teclista y haciendo coros en el álbum Crann Úll (1980) y como miembro oficial del grupo en Fuaim (1981). Sin embargo, lo abandonó en 1982, justo antes de que Clannad conociese el éxito con el tema ‘Theme from Harry’s game’. Pero la gloria de Enya sería mayor…

El álbum Touch Travel (1983) incluía dos canciones instrumentales de Enya llamadas ‘An Gaoth Ón Ghrian’ (‘The Solar Wind’) y ‘Miss Clare Remembers’; la banda sonora de la película de 1984 The Frog Prince incluía también música de ella, así como una colaboración vocal en el álbum debut de Sinead O’Connor, The Lion and the Cobra.

En 1986 una serie documental de la BBC titulada The Celts contó con banda sonora de Enya. En su momento apenas atrajo atención, pero, visto con perspectiva, es el momento que marca el inicio de la leyenda…

Un año después, la gloria: Watermark (1988). La magia y el misterio de Enya en todo su esplendor y el sello, la marca de identidad: ecos de mundos fantásticos arrastrados por una voz inconfundible que, invierno tras invierno, ha susurrado en inglés, en gaélico, en latín, en francés, en español, en japonés, en élfico…

Tres inviernos tardaría en volver con nuevas historias, con Shepherd Moons (1991), con el que recibiría el reconocimiento mundial: un premio Grammy y diez millones de copias vendidas. No sería el único, pues recibiría otro por The memory of trees (1995) y aún un tercero en 2000 por A day without rain. Aunque todos fueron en la categoría “Mejor Álbum New Age”, cuando alguna vez le han preguntado en qué estilo clasificaría su música, ella misma responde: “enya”.

Pero, más que los reconocimientos, lo que ha hecho grande a esta elegante princesa de rostro amable es la admiración de la gente llana. A pesar de no haber dado jamás un concierto y a pesar de su absoluto mutismo sobre su vida privada, su nombre y su voz son universales. Irlanda sólo ha exportado un grupo con más éxito que ella, y ha tenido que ser realmente grande: U2.

Su estilo es único y se sustenta en elementos clave: la producción de Nicky Ryan, las letras de Roma Ryan y la labor de Enya misma con el sintetizador Roland D-50 y el enigma de su voz, que sólo se explica cuando se sabe que se dobla a si misma en cada canción, cuentan que hasta quinientas veces en el tema ‘Boadicea’, superponiendo capas y capas de voces, siempre la suya, hasta conseguir el “efecto enya” que la ha hecho famosa.

Dicen las malas lenguas que se repite, que no innova, que no cambia nunca, que un viaje con Enya lleva siempre al mismo destino por el mismo camino… Probablemente sea cierto, probablemente. Pero una cosa también es cierta: desde entonces y hasta hoy, los inviernos han sido un poco menos fríos cuando Enya nos visita.

2 pensamientos en “Enya eterna

  1. Al hilo de comentar posts sin que el contenido del post comentado tenga que ver…¿Sabe que tengo Star Trek: The Motion Picture en DVD? Se la prestaré si lo requiere

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