El hombre que hizo bailar la luz


(‘Bells’. Los Doce Sueños del Sol. Gizah, 2000).

10… 9… 8… Cuenta atrás en Houston; Juan Pablo II bendice desde la catedral de Lyon; pertinaz lluvia en los Docklands de Londres; 2,5 millones de personas en La Défense parisina; fuegos artificiales en Wembley Stadium; una escuadra de cazas Sukhoi volando sobre la universidad de Moscú; Gizeh multicolor… comienza a sonar Oxygéne IV y detrás de las gafas oscuras, entre humo y láser, aparece Jarre.


(Oxygéne IV. París La Défense, 1991).

Teclados portátiles, teclados luminosos, un arpa láser, un theremin, pantallas gigantes, fuegos artificiales. Fusión de música, imágenes y arquitectura. Jean Michel Jarre, sinónimo de espectáculo, de grandiosidad, de megalomanía. Amante de los grandes números: fue el primer músico occidental que actuó en la China post-Mao y se ha superado a sí mismo tres veces en el Guinnes porque la audiencia de sus conciertos se cuenta por millones.

Primero fue Oxygéne. Después vendrían Equinoxe, Magnetic Fields, Zoolook (la música para la que se inventó el CD, rezaba la publicidad). Con cada trabajo Jarre abría caminos en la música electrónica, la reinventaba, se adelantaba a todos los que vendrían detrás. Forzaba la máquina. De lo analógico a lo digital. La inspiración en cualquier sonido: la lluvia en la ventana, el tic-tac de un reloj, un tren que pasa lejano…


(Chronologie part 3. Europe in Concert. Barcelona, 1993).

En 1986, rendez-vous en Houston. El concierto más espectacular de la historia de la música, dijeron. 1,5 millones de personas para conmemorar el 150 aniversario de la ciudad y el 25 aniversario de la NASA. Estaba previsto que Ron McNair, astronauta y saxofonista, interpretase un tema durante el concierto desde el espacio. Su nave se llamaba ‘Challenger’… Y el concierto se convirtió en un tributo a toda la tripulación. La música electrónica dejaba de ser parcela para unos pocos experimentadores y llegaba a millones de personas.


(‘Rendez-vous part 4’. Rendez-Vous Houston, 1986).

Londres, París, Moscú, Atenas, todas bailaron al son de este francés, hijo de Maurice, afamado compositor de bandas sonoras al que una vidente pronosticó: “serás famoso, pero tendrás un hijo que será mucho más famoso que tú”.


(‘Industrial Revolution-Overture’. Docklands de Londres, 1988).

No todo en Jarre es música. En 1993 fue nombrado Embajador de la UNESCO, defensor de la tolerancia a través del lenguaje universal de la música: para ello vistió de colores la torre Eiffel (1995) y las dunas del desierto de Merzouga (Marruecos, 2006).


(‘Intro Saturée’. Water for Life. Merzouga, 2006).

Cercano con los fans y con la prensa, asiduo en las revistas del corazón galas por su costumbre de emparejarse con actrices: está divorciado de Charlotte Rampling, ha sido pareja de Isabelle Adjani y está casado nuevamente con Anne Parrillaud. ¿Relevante? Parece que sí. Desde su separación de Rampling su carrera ha dado un giro: de la grandilocuencia épica de Chronologie y su primera gira por los lugares más emblemáticos de Europa (del Mont St-Michel a Wembley pasando por el Estadi Olimpic de Barcelona), al minimalismo electro-acústico de Metamorphoses y gira de pequeños conciertos en recintos cerrados.

Sus trabajos posteriores no salen de Francia. Geometry of Love o Sessions 2000 sólo suenan a oídos de sus seguidores. Tiempo de silencio, rumores en la red, se prepara algo grande. Y llega Aero (2002): se presenta como el primer disco de la historia concebido y grabado en formato digital 5.1. Los clásicos (porque este disco es un recopilatorio, aunque incluya tres temas nuevos) desde una perspectiva nunca vista. Nuevo trabajo y retorno a China, a la Ciudad Prohibida: sonido 5.1 en directo.


(‘Aero’. Concierto en la Ciudad Prohibida. Pekín, 2002).

Y en 2007 vuelve a los orígenes, a la raíz de todo, a los sintetizadores analógicos (sus viejas damas) y a Oxygéne, que cumple 30 años como si el tiempo no hubiese pasado por él y se pasea por toda Europa: el Téâtre Marigny de París, el Royal Albert Hall de Londres, el Liceu de Barcelona… Los más elegantes teatros de Manchester, Dublín, Bruselas, Munich, Amsterdam, Copenhague, Estocolmo, Lisboa, Oporto, Roma o Milán se iluminaron al son que marca Jarre en una gira, la más extensa de su carrera, que se prolongó por toda Europa del este (Belgrado, Bucarest, Praga, Moscú, San Petersburgo, Riga, Bratislava, Varsovia…).


(‘Oxygéne VI’. Oxygéne Tour. Barcelona, 2008).

Algunos dicen que está acabado, que vive de las rentas. Otros aún esperan que los sorprenda. Pero una cosa es segura: la luz bailó.

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