La sombra del poder

La sombra del poder (State of play, Kevin MacDonald, 2009)

El periodista cinematográfico siempre es un hombre maduro, escéptico, cínico, incluso huraño, de apariencia descuidada. Desordenado pero meticuloso. Mal pagado pero idealista. Que está de vuelta de la vida y que vive por y para su trabajo, porque no tiene vida más allá de él. Trabaja en un periódico, nunca en radio o televisión y mucho menos en un medio digital, que en el peor de los casos es el enemigo. Conoce a la persona idónea en el lugar necesario en el momento oportuno. Sale tras la noticia de día, de noche, de madrugada, da igual. Pero jamás irá a una rueda de prensa salvo que la dé el mismísimo Presidente, en cuyo caso no hará una pregunta cualquiera, sino la pregunta, esa que hará saltar todo por los aires. Si es necesario, y siempre lo es, se enfrentará a sus jefes para defender la búsqueda de la Verdad, así con mayúsculas, sin temer que lo puedan despedir, porque es el mejor en su trabajo, y sabe que los demás lo saben. Lo que no sabe es qué es la hora del cierre, y parará la rotativa cada vez que haga falta, porque con lo que están tratando es siempre una cuestión de vida o muerte.

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En State of play, Russell Crowe es ese periodista mítico que todos querríamos ser sólo porque no nos hemos parado a pensarlo bien. La investigación que inicia sobre un doble asesinato por drogas se cruza con el suicidio de la ayudante de un congresista y, de repente, tiene entre manos una conspiración al más alto nivel… Helen Mirren es la editora que lo va a presionar para que el artículo esté escrito a la hora del cierre, sabiendo que no lo estará, y Rachel McAdams es la jóven redactora de digital que aprenderá lecciones sobre el periodismo y la vida de la mano del viejo dinosaurio.

Por supuesto, para llegar a la Verdad, todos tendrán que correr una carrera contra el tiempo, esquivar intereses editoriales, empresariales, comerciales, policiales y políticos, entrar en conflictos éticos y morales y jugarse el tipo y la vida. Pero la Verdad será revelada, negro sobre blanco en la edición matutina, no importa cuán alto sea el precio que haya que pagar.

Porque el periodista mítico cinematográfico no es sólo un contador de historias: es guardián de la libertad, garante de la democracia y la justicia, azote de los corruptos, un individuo que, desde los márgenes del sistema, vela por nosotros.

Qué hermosa fábula.

3 pensamientos en “La sombra del poder

  1. No creas. La película en conjunto es bastante digna. Mi comentario iba exclusivamente por la imagen totalmente deformada y alejada de la realidad que ofrece de los periodistas. Aunque este estereotipo establecido no es exclusivo de esta película, ni mucho menos.

  2. Es cierto que esa imagen es bastante irreal, pero a mí me gustaría haber conocido a algún profesional así y, sobre todo, que hubiese más en los medios, no sólo los impresos. Por desgracia, en la vida real lo más parecido a la pantalla que podamos encontrarnos son versiones aún más cínicas y mucho menos divertidas del Walter Matthau de ‘Primera plana’.

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