La paja en el Ojo de Dios

Ojo de Dios

Nebulosa de la Hélice (NGC 7293), localizada en la constelación de Acuario.

La paja en el Ojo de Dios, escrita por Larry Niven y Jerry Pournelle y publicada en 1975, es una de las novelas más famosas de la denominada ciencia ficción dura.

En un futuro muy distante, la humanidad ha colonizado multitud de planetas gracias a dos grandes inventos: el ‘Impulsor Anderson’, que permite a las naves espaciales saltar de ciertos puntos del universo a otros de forma casi instantánea, y el ‘Campo Langston’, un campo de fuerza que protege a las naves. El libro describe el primer encuentro con una raza alienígena que ha permanecido aislada en su sistema planetario; ellos están dispuestos a cualquier cosa a cambio de la tecnología que les permita salir de su planeta, y los protagonistas deberán enfrentarse a los interrogantes de permitirles dispersarse por la galaxia.

La ciencia ficción dura (o hard) se caracteriza por el rigor con el que trata el apartado científico de la historia. Para que una obra pueda etiquetarse en esta categoría debe ser, desde el punto de vista científico, precisa, lógica, creíble y consistente, siendo teóricamente posibles (o al menos verosímiles) la tecnología, los fenómenos, los escenarios y las situaciones que describa.

En el libro de Niven y Pournelle la tecnología y la ciencia humanas están tratadas con una gran riqueza de detalles, tanta que en ocasiones se trata de una lectura muy densa; en cambio, en otros aspectos, los autores optan por simplificar, como al presentar la sociedad futura con una estructura feudal. También va en detrimento de la atemporalidad cierto conservadurismo en el tratamiento de los personajes femeninos. Pero, por desgracia, donde más flojea la narración es precisamente en donde debería residir su atractivo: la descripción de la civilización alienígena.

Si el planeta en el que vivimos alberga formas de vida tan diferentes, ¿por qué la ciencia ficción sigue recurriendo a criaturas antropomórficas? Y aunque tecnológicamente están más evolucionados, conceptualmente su sociedad mantiene demasiados elementos terrestres: se organizan en ‘castas’, viven en ciudades, se desplazan con vehículos, construyen museos… No hay nada realmente novedoso o sorprendente. Además, aunque la mayor parte de la narración se hace desde el punto de vista de los seres humanos, algunos pasajes toman el punto de vista de los alienígenas, revelando unos pensamientos totalmente antropológicos. Quizá habría resultado más atractivo para el lector dejar envueltas en el misterio a las criaturas.

A esta ausencia de misterio se suma un pecado mayor: la falta de emoción. Hay incertidumbre, pero no hay ritmo narrativo: la acción transcurre sin picos de tensión, sin calmas que preceden a tempestades ni momentos épicos. Y si no hay emoción en el primer encuentro de la raza humana con una civilización alienígena, entonces ¿dónde la habrá?

Toda buena obra de ciencia ficción debe también, a través de su narración, plantear cuestiones que inviten a la reflexión. En este aspecto La paja en el Ojo de Dios sí que cumple. Niven y Pournelle tratan temas tan de actualidad como la explosión demográfica y sus consecuencias a corto y largo plazo; las consecuencias económicas de introducir nuevas tecnologías sin planificación, o incluso si, en circunstancias extremas, la guerra es la única opción para un gobierno responsable.

La paja en el Ojo de Dios
fue candidata a los premios Nébula, Hugo y Locus en el año de su publicación. No es un mal libro en absoluto. Quizá simplemente es que no ha envejecido bien.

4 pensamientos en “La paja en el Ojo de Dios

  1. Primero, gran elección de la foto para acompañar el artículo. Sin duda hubiera sido la elección de portada idónea para el libro.

    Por lo demás, leí esta novela hace muchos años, y lo que recuerdo es precisamente eso: una novela para nada redonda, con puntos fuertes y carencias, todo depende de cuánto te molesten sus carencias y cuánto te atraigan sus puntos fuertes.

    Siempre me ha atraído la SciFi en su rama más dura, me parece una literatura muy denostada en España, pero capaz de plantear ideas sumamente interesantes que trascienden las páginas del relato. Además, la literatura fantástica de los 70-80 conserva una perspectiva hasta cierto punto ingenua del futuro que me encanta.

    Por cierto, la Quo de este mes trae un reportaje en el que Stephen Hawking fantasea sobre cómo sería los habitantes de otros planetas, pero en término animal, nada de inteligencias superiores. Yo creo que, si retratas una inteligencia alienígena de manera explícita, ya estás fallando. Es mejor dejarlo todo a media luz.

  2. Habría sido una buena portada, estoy de acuerdo, pero es imposible que lo fuese, al menos en su primera edición, porque es una foto tomada por el Hubble, que no se puso en órbita hasta 1990 (la novela es de 1975).

    Coincido contigo en la existencia de esa ingenuidad que tenía la SF de los 70-80, pero a mi no me gusta tanto… Prefiero las novelas que, aun siendo igualmente duras en su planteamiento científico, no fantasean tanto. Por ejemplo ‘Neuromante’, de William Gibson, es de 1984 y sin embargo fue capaz de imaginar un mundo futuro que no difiere tanto en lo esencial de lo que podrían llegar a ser las próximas décadas del siglo XXI.

  3. Pingback: En el océano de la noche « El invitado de invierno

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s