Man of Steel

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Tras el enorme éxito de crítica y, sobre todo, público de la trilogía del Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2005, 2008 y 2012), era sólo cuestión de tiempo que el otro personaje estrella de la editorial DC sufriese su inevitable reboot: Superman volaría… de nuevo.

Que el propio Nolan fuese contratado como asesor fue, desde el inicio, motivo de alegría para los fans, muy satisfechos con el trabajo realizado con Batman. A saber: hacer al personaje más real, más oscuro, más humano. Pocas voces se pudieron oír argumentando que eso era precisamente lo que Superman no necesitaba, sobre todo después del intento de ‘Superman Returns’ (Bryan Singer, 2006) de llevar al hombre de acero por ese mismo camino.

Como contrapeso (y alivio para muchos) se vio la llegada de Zack Snyder a las labores de director. Si por algo se caracteriza el cine de este hombre es por su potente estilo visual, su sentido del espectáculo y su habilidad para trasladar a la pantalla lo que todo el mundo creía que era imposible de trasladar: ‘Watchmen’ (A. Moore, 1986) y ‘300’ (F. Miller, 1998).

Así que, contando con Nolan como asesor creativo y el ojo de Snyder en la dirección, el último hijo de Krypton no podía estar en mejores manos.

El nivel de hype alcanzado por este estreno ha sido altísimo. Los primeros trailers de la película eran potentes, intensos, épicos, prometedores… Eran magníficos porque tenían lo que le falta a la película: mesura. Man of Steel es un derroche de espectáculo, una montaña rusa sin tregua ni pausa, una apisonadora que se lo lleva todo por delante, que aplasta al espectador con montañas de efectos especiales, de acción y más acción imparable. Parece que los responsables se hubiesen propuesto no dejar pensar ni un segundo al espectador. Porque si piensa… el castillo de fuegos artificiales se muestra como lo que es: una ilusión sin contenido.

Un aspecto que funcionaba muy bien en la trilogía de Batman era la novedad de lo que se contaba. Aun con cuatro películas anteriores, había fragmentos en la historia de Bruce Wayne que no se habían contado, y en ellos se concentraba Batman Begins (C. Nolan, 2005), para en las posteriores entregas desarrollar el personaje sobre esos fundamentos. En este sentido, Man of Steel partía en desventaja, pues los orígenes y desarrollo del personaje son bien conocidos. Y sin embargo, en lugar de buscar un nuevo enfoque, inexplicablemente, Snyder comienza la película empleando veinte minutos de metraje en narrar exactamente lo mismo que Richard Donner había contado en la mitad de tiempo en ‘Superman’ (R. Donner, 1978).

Sigue luego una segunda parte de película más interesante. No por novedoso, pues vuelven a contarnos las historias de juventud de Clark Kent, su relación con sus padres adoptivos, y su lenta asunción de sus poderes, hasta su encuentro en la Fortaleza de la Soledad con Jor-El y su transformación en el héroe de la capa roja. Por cierto que Donner se atrevió a contratar a Marlon Brando y dejarle diez minutos en pantalla, y me da que con Russell Crowe no se han atrevido a hacer lo mismo… Al menos en este tramo la estructura del relato cambia (apostaría a que los flashbacks fueron idea de Nolan), se ahonda (un poco, no vayan a pensar que esto es una película de Malick) en las inquietudes y los miedos de este ser extraterrestre y ¡hay diálogos! Se aprovecha, además, este tramo de relativo relax, para introducir (más bien con calzador) a Lois Lane y su relación con Clark Kent/Superman.

Y después… el desastre. Snyder emplea el considerablemente largo tercer acto para contarnos lo mismo que Donner y Lester nos habían contado en ‘Superman II’ (R. Lester, 1980). Que sí, que es el mito, que el enfrentamiento con Zod será lo que defina al personaje en próximas entregas y que había que contarlo (¿otra vez?), pero sin el factor sorpresa ya sólo hay una forma de intentar ganar la batalla: superioridad numérica. Y en este caso las tropas son minutos y más minutos de acción espectacular. Ojo, muy espectacular y muy bien hecha, que Snyder no es Bay, pero después de 10 minutos de destrucción masiva de edificios, más acción espectacular simplemente cansa. Uno se deja llevar, deja de pensar en los agujeros de guión que ha ido viendo, deja de preocuparse por los personajes, se sale de la historia y, al final comete pecado mortal en este tipo de películas: se aburre.

Y ¿hay algo peor que aburrirse con una película de Superman? Sí: salir del cine sin poder tararear ninguna música.

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Man of Steel

Man-Of-Steel

After the huge success of critic and public obtained by the Dark Knight trilogy (Christopher Nolan, 2005, 2008 and 2012), it was just a matter of time for the other DC’s star to suffer its reboot: Superman would fly… again.

It was very well received that Nolan himself would work as creative consultant, because of his work with the Batman character: he made him more realistic, darker, more human. There were very few voices, nearly unaudible, that sayd that those things were precisely what Superman didn’t need. More so, after ‘Superman Returns’ (Bryan Singer, 2006) tried to walk that path, too.

As counterweight (and relief to many) came Zack Snyder to direct. If anything characterizes this man films, it would be his powerful visual style, his sense of show and his ability to take into the screen what everybody thought was impossible to take: ‘300’ (F. Miller, 1998). and ‘Watchmen’ (A. Moore, 1986).

So, with Nolan as creative consultant and Snyder directing, the last son of Krypton couldn’t be in better hands.

The level of hype reached by this film was very high. The first teasers were powerful, intense, epic, promising… They were wonderful because they had what the film doesn’t: mesure. Man of Steel is an extravagance of spectacle, a roller-coaster without pause or truce, a steamroller that crushes the spectators with mountains of special effects, action and more unstoppable action. It seems as if the people responsible had the goal of not letting anyone think very much. Because if we think about it… the fireworks castle appears as what it really is: a void delusion.

An aspect that worked very well in the Batman trilogy was the novelty of what it told. Even with four previous movies, there were still fragments of Bruce Wayne’s story that remained untold. And on those pieces focused Batman Begins (C. Nolan, 2005), to fully develop the character over those foundations in the next installments. In this sense, Man of Steel started with a disadvantage, because the origins and development of the character are well known. However, instead of looking for a new point of view, inexplicably Snyder starts the film employing twenty minutes of film in telling exactly the same thing that Richar Donner had told us in half the time in ‘Superman’ (R. Donner, 1978).

Then comes a more interesting second part of the movie. Not because it’s new, because it tells again the youth of Clark Kent, his relationship with his adoptive parents, the slow assumption of his powers, until his meeting in the Fortress of Solitude with Jor-El and his transformation in the hero of the red cape. By the way, Donner dared to hire Marlon Brando for merely 10 minutes of screen time, and I guess they didn’t dare to do the same with Russell Crowe. At least in this part of the movie the editing structure changes (I would bet it was Nolan’s idea to have flashbacks), and they delve a bit (just a bit, don’t forget this is not a Malick’s film) in the worries and fears of this alien. And there are dialogues! They also get to introduce (with shoehorn) the Lois Lane character and her relation with Clark Kent/Superman.

And after that… the disaster. Snyder uses the extremely long third act to tell us the same that Donner and Lester had told us in ‘Superman II’ (R. Lester, 1980). Yes, it’s the myth, the fight with Zod would define the character in the future, and it had to be told (again?), but without the element of surprise, there’s only one way to win the battle: numeric superiority. And here the troops are minutes and minutes of spectacular action. Very spectacular and very well done, because Snyder isn’t Bay, but after ten minutes of massive destruction of buildings, more action simply tires. One just lets himself go, stops thinking about the plot holes, stop worrying about the characters, gets out of the story and, in the end, commits deathly sin in this type of films: gets bored.

And, is there anything worst than getting bored with a Supeman movie? Yes: being unable to get out of the cinema humming any music.

Stoker: poesía del mal

Hay una araña en el zapato de India. Ella no la ha visto, pero de alguna manera, lo sabe.

Stoker

El día en que India Stoker (Mia Wasikowska) cumple 18 años es el mismo día en que su padre muere en un accidente y su misterioso tío Charlie (Matthew Goode) acude a pasar una temporada con ella y con su inestable madre (Nicole Kidman) en la lujosa mansión de la familia.

Se adivina fácilmente un triángulo de emociones que Hitchcock ya presentó en ‘La sombra de una duda’ (1943), pero que el guión de Wentworth Miller va a llevar por un camino muy diferente: esta película, del director surcoreano Chan-Wook Park, es un preciosista y poético cuento gótico sobre el mal y su irresistible poder seductor.

Popularmente, un vampiro es una criatura nocturna que se alimenta de la sangre de sus víctimas. Se los ha representado muchas veces como criaturas tan malvadas como hermosas. Podría decirse que en ‘Stoker’ también hay un vampiro, pero que no se alimenta de sangre, sino de cualquier atisbo de inocencia o bondad. Con su infinito poder de atracción, seduce a todos a su alrededor, llevándolos a una espiral de desconfianza, violencia y muerte de difícil escapatoria. Mia Wasikowska, que ya había caído por la madriguera del conejo en ‘Alicia en el País de las Maravillas’ (Tim Burton, 2010), cae en este film por un tobogán mucho más morboso y oscuro.

La araña sube por la pierna de India. Ahora sí la nota claramente. Sólo tiene que mover la mano para apartarla, pero no lo hace.

Si bien el argumento es relativamente previsible, visualmente ‘Stoker’ es una maravilla. Cada plano, cada movimiento de la cámara, es un verso de este macabro poema. Detalles aparentemente irrelevantes son inquietantes símbolos de la inocencia, el paso a la edad adulta, el despertar a la sexualidad, la vida o la muerte. Todo está orientado a crear un opresivo sentimiento de desasosiego: la gran casa familiar con sus habitaciones vacías, los oscuros bosques a su alrededor… Lugares comunes del género, sí, pero que funcionan perfectamente.

Los diálogos son breves, esporádicos, entrecortados o a media voz. Los personajes hablan más con los ojos, con las medias sonrisas, con las manos, con los silencios… Sin una palabra, un dueto en el viejo piano de cola se transforma, poco a poco, en un crescendo de erotismo casi salvaje.

Aunque la pieza de esta escena es de Philip Glass, la partitura principal es de Clint Mansell: bella como una nana y tétrica como un réquiem. Representa perfectamente las dos caras de esta historia de horror y transgresión, de monstruos que fueron y de monstruos que inevitablemente serán.

La araña desaparece entre las piernas de India.

Stoker: poetry of evil

There is a spider on India’s shoe. She hasn’t seen it, but somehow she knows it.
Stoker
The day India Stoker (Mia Wasikowska) turns 18 is the same day when her father dies in an accident, and her misterious uncle Charlie (Matthew Goode) comes to spend some time with her and her unstable mother (Nicole Kidman) at the family’s mansion.

It’s easy to guess the emotional triangle already presented in ‘Shadow of a doubt’ (A. Hitchcock,1943), but here the script by Wentworth Miller takes a very different way: this film, by South Korean director Chan-Wook Park, is an affected and poetic gothic tale about evil and its irresistible power of seduction.

Commonly, a vampire is a night criature that feeds on their victim’s blood. They’ve been represented many times as creatures as wicked as beautiful. It could be said that there’s also a vampire in ‘Stoker’, although it doesn’t feed on blood, but on any trace of innocence or goodness. With its infinite power of attraction, seduces everyone around it, taking them through an spiral of mistrust, violence and death, difficult to scape from. Mia Wasikowska, who already felt through the rabbit hole in ‘Alice in Wonderland’ (T. Burton, 2010), falls this time through a much more unhealthy and darker sledge.

The spider climbs India’s leg. Now she clearly feels it. She only has to move her hand to move it aside, but she doesn’t.

Although the plot is quite predictable, ‘Stoker’ is visually splendid. Every shot, every camera movement, is a verse in this macabre poem. Details irrelevant in appearance are indeed disturbing simbols of innocence, of transition to adulthood, of sexual awakening, of life and death. Everything has the only purpouse of creating an oppresive feeling of unease: the big family house with its empty rooms, the dark forests surrounding it… Yes, they’re genre topics, but they work.

The dialogs are short, occasional, intermittent or half voiced. The characters speak more with their eyes, their half-smiles, their hands or their silences. Without a word, a duet played in the old grand piano transforms, slowly, in a crescendo of nearly raw erotism.

Although the piece in that scene is by Philip Glass, the main music is by Clint Mansell: beautiful like a lullaby and gloomy like a requiem, perfectly mirroring both sides of this horror and transgression story, of monsters that were, and monsters that inevitably will be.

The spider disappears between India’s legs.

The Dark Knight Rises

Si no has visto TDKR, deja de leer y ve a verla. Avisado estás.

Se acabó. La trilogía del caballero oscuro de Christopher Nolan ha llegado a su fin, fiel a su estilo y a ese concepto que introducía al final de su primer capítulo: escalada.

‘Batman Begins’ (C. Nolan, 2005) reiniciaba la saga narrando el origen del personaje y ese oscuro período de tiempo entre la muerte de Thomas y Martha Wayne y el regreso del ‘príncipe de Ghotam’ a la ciudad. Pero lo más importante, y el gran acierto de la película, es que toda la estructura de la trama está encaminada a un único objetivo: hacer a Batman creíble. Cada decisión que toma Bruce Wayne, ya sea marcharse de Gotham, ya sea vestirse de murciélago, tiene una razón; cada gadget que añade a su equipo (desde la capa hasta el batmóvil) tienen un origen explicado y una razón para ser utilizado. Este realismo se extiende también a sus enemigos: ni Ra’s Al Guhl ni el Espantapájaros son personajes planos, sino que tienen sus motivaciones (más o menos profundas en cada caso).

En cuanto a historia, Batman Begins bebe directamente del cómic ‘Batman: Year One’ (Miller, Mazzuchelli, 1987) y, como allí, se justifica la existencia de Batman como un símbolo que traerá el miedo al corazón de los malhechores. Será ‘el señor de la noche’.

Y el título de la segunda entrega no puede ser más prometedor. Ya no es Batman: ahora es ‘El caballero oscuro’ (C. Nolan, 2008). Esta película, unánimemente considerada la mejor de la saga, funciona como un perfecto engranaje, una pieza de relojería en la que nada falta y nada sobra y en la que las actuaciones de todos los personajes son brillantes: Christian Bale es un Batman apremiado por colgar la capa y llevar una vida normal que ve su oportunidad en el ascenso social del nuevo fiscal del distrito, Harvey Dent, y no es capaz de ver la gran tragedia que se avecina de la mano de un misterioso individuo que se hace llamar el Joker, hasta que es demasiado tarde para todos.

Si en ‘Batman Begins’ el tema subyacente era el miedo y cómo ésta transforma a las personas, en ‘El caballero oscuro’ es la dicotomía orden-caos. No necesitamos conocer el origen del Joker para entender que es un agente del caos, una fuerza de la naturaleza que empuja al resto de personajes hacia decisiones que los marcarán definitivamente, tanto literal como figuradamente.

Al final Bruce Wayne tendrá que colgar la capa, pero no como él esperaba: ahora es un proscrito, un outsider, un verdadero ‘caballero oscuro’ al margen de la ley y de la sociedad. Exactamente como es en los comics. En dos películas, Christopher Nolan ha puesto al personaje en el lugar que le corresponde, el lugar al que pertenece.

Y llega ‘The Dark Knight Rises’. El inicio es brillante. La presentación de Bane es brutal; sin ser uno de los personajes más carismáticos del universo de Batman, sí es uno de los pocos que puede representar un verdadero desafío, tanto físico como mental. Y la interpretación de Tom Hardy es excelente, teniendo en cuenta que durante toda la película lleva la cara cubierta con una máscara, por lo que sólo puede valerse de sus ojos y del lenguaje corporal.

Por su parte, la química entre Selyna Kyle (Anne Hathaway) y Bruce Wayne es magnífica y dará los toques de humor justos y necesarios a la película. Y, nada más aparecer, el agente John Blake (Joseph Gordon-Levitt) recuerda a alguien, sí, a ese que te viene a la mente enseguida… Y funciona, vaya si funciona… Tanto, que no era necesario aclararlo al final. ¿No habría sido mejor dejar al espectador con esa sensación de “¿ese no será…?”.

El Bruce Wayne decadente y retirado de la vida pública es una referencia directa a lo mejor de “Return of the Dark Knight” (Frank Miller, 1986). También se apoya la película, y mucho, en “Knightfall” (Dennis O’Neall, 1992) y la macrosaga “Tierra de Nadie” (1999). Una sucesión de eventos que llevará a Batman a regresar, caer, y renacer como una leyenda.

Sin embargo, algo falla. En esta película, ¿dónde está el caballero oscuro? Está Bruce Wayne, con sus gadgets y su determinación, sí, pero, ¿dónde está el señor de la noche? Es más, ¿por qué casi nunca es de noche? ¿Qué fue de aquello de llevar el miedo al corazón de los malhechores? Hay un momento esperanzador: el fiel Alfred advierte a Bruce de que no debe confiar únicamente en la tecnología y la fuerza bruta para vencer, debe ser algo más… Pero es Nolan quien parece no escuchar el consejo y lleva la película más hacia el espectáculo de acción con clichés antes que hacia una historia más compleja, a otro nivel, como era ‘The Dark Knight’.

No todo el mundo sabe que, en los comics, uno de los apodos de Batman es, simplemente, “el detective”. Irónicamente es Ra’s Al Guhl quien con más frecuencia lo denomina así, por su capacidad de deducción, sus habilidades como investigador y su costumbre de adelantarse, antes con su inteligencia que con su fuerza, a sus enemigos. No hay nada de eso en TDKR… Acción mucha, emoción poca, inteligencia ninguna.

La escalada que se inició al final de ‘Batman Begins’ ha tocado techo, y por el camino se ha dejado no sólo la verosimilitud que tan concienzudamente se forjó durante dos películas y media. El gran acierto de Christopher Nolan fue construir una historia de Batman en la que, como espectadores, no hacía falta suspender la credibilidad: todo era plausible y realista, todo estaba justificado. Incluso se le acusaba de haber abandonado el “sentido de lo maravilloso” que debía tener una película de “superhéroes”. Pero es que las suyas no lo eran: eran historias sobre seres de carne y hueso, con miedos, flaquezas y fortalezas, con relaciones personales totalmente creíbles, y las máscaras, literales y figuradas, estaban perfectamente explicadas. En su tramo final, TDKR pide al espectador que suspenda la credibilidad, pero ya es demasiado tarde.

En la escalada también se ha quedado por el camino el señor de la noche. Por suerte, para recuperarle ahí está “Batman: the animated series”, que sigue siendo la mejor adaptación del personaje, en toda su esencia, a la pantalla.

The Dark Knight Rises

If you haven’t seen TDKR, stop reading now and go and watch it. You’re warned.

It’s over. The dark knight trilogy by Christopher Nolan has reached its end, faithfull to its style and to that concept introduced at the end of the first chapter: scalation.

‘Batman Begins’ (C. Nolan, 2005) rebooted the saga telling the origin of the character and that obscure period of time between the deaths of Thomas and Martha Wayne and the return of the ‘prince of Gotham’ to the city. But the important point, and the wise move of the movie, was that every piece of its structure and narration was heading to a solely objective: make Batman believable. Every decision Bruce Wayne takes, from leaving Gotham to dress as a bat, has a reason; each gadget added to his equipment (starting with the cape and following with the batmobile) has an explained origin and a reason to be used. This realism extends to the rest of the characters: either Ra’s Al Guhl nor the Scarecrow are plane characters, but they have their motivations (more or less profound in each case).

As regards the story, ‘Batman Begins’ drinks directly from the comic ‘Batman: Year One’ (Miller, Mazzuchelli, 1987), and, like there, justifies the existence of the Batman as a symbol that will bring fear to the heart of the criminals. He will be ‘the lord of the night’.

And the title of the second entry can’t be more promising. It’s no longer the Batman: it’s ‘The Dark Knight” (C. Nolan, 2008). This film, unanimously considered the best in the saga, works as a perfect machinery, a pice of clockwork where nothing is missing and nothing is left over. The performances are brilliant: Christian Bale is a Batman urgent to hang the cape and live a normal life who sees his opportunity in the social promotion of the new district attorney, Harvey Dent. But he can’t see the great tragedy that’s approaching at the hands of a misterious character who calls himself The Joker, until it’s too late for everyone.

If the underlying theme in ‘Batman Begins’ was fear and how it transforms people, in ‘The Dark Knight’ it’s the dichotomy order-chaos. We don’t need to know the Joker’s origin to understand that he’s an agent of chaos, a force of Nature that pushes all the other characters towards decissions that will mark them forever, in a literal or a figurative sense.

By the end, Bruce Wayne will have to hang the cape, but not the way he expected: now he’s banished, an outlaw, a real ‘dark knight’ out of society. Exactly as he is in comics. Within two films, Nolan sets the character in the place where it belongs.

And then ‘The Dark Knight Rises’ arrives. The beginning is brilliant. Bane’s introduction is brutal; he may not be one of the most charismatics characters in the Batman universe, but he’s indeed one of the few who means a physical and mental challenge. And Tom Hardy’s performance is excelent, considering that he spends the whole movie carrying a mask, so he can only rely on his eyes and body language.

On the other hand, the chemistry between Selyna Kyle (Anne Hathaway) and Bruce Wayne is great and will provide the right and necessary touches of humor. And, since the very first moment he enters the screen, the agent John Blake (Joseph Gordon-Levitt) reminds of someone, yes, that one who comes to your mind very quickly… And it works, it really works. So much, that it was not necessary to make a final explanation. Wouldn’t it had been better to leave the spectator with that feeling of “wasn’t he…”?

The decadent and retired from social life Bruce Wayne is a direct reference to the best part of “Return of the Dark Knight” (Frank Miller, 1986). The film also sets its foundations in “Knightfall” (Dennis O’Neall, 1992) and the macrosaga “No man’s land” (1999). A series of events that will take the Batman from retirement, to fall and to rise again, as a legend.

However, something fails. In this film, where the hell is the dark knight? There’s Bruce Wayne, with all his gadgets and determination, yes, but, where is the lord of the night? What is more, why is so often not at night? What happened with that idea about bringing fear to the heart of criminals? There’s a hoping moment: the loyal Alfred tells Bruce that he must not trust just the technology and the strength to defeat his opponents. He must be something else… But it’s Nolan who seems to pretend not to hear the advice, and takes the movie in the direction of the clichéd action spectacle, instead of developing an another level more complex story, as “The Dark Knight” was.

Not everybody knows that, in comics, one of Batman’s nicknames is just ‘the detective’. Ironically, it’s Ra’s Al Guhl who most frequently calls him this way, for his capacity of deduction, his skills as investigator and his habit to overtake his enemies with his intelligence more often than with his strength. There’s nothing about this in TDKR… A lot of action, not so much emotion and none of intelligence.

The scalation that started at the end of ‘Batman Begins’ has reached its peak, and on its way it has left behind not only the credibility that so hardly was forged during two and a half movies. Christopher Nolan’s wise move was to build a Batman’s story in which, as spectators, we didn’t have to suspend our credibility: everything was plausible, everything was realistic and was justified. He was even accused of abandoning the “sense of wonder” that movies about superheroes were expected to have. But his movies weren’t about superheroes; they were about characters of flesh and bones, with fears, strenghts and weaknesses, with realistic personal relations, and the masks, the literal and the figuratives, were perfectly explained. In it’s final part, TDKR asks the spectators to suspend their credibility. But it’s too late.

In the scalation was also left behind the dark knight. Luckily, we can bring him back from ‘Batman: the animated series’, still the best adaptation of the character on screen.

Avatar

Avatar

El protagonista de Avatar es un ex marine (no existe tal cosa) que, tras ser herido en acto de servicio, queda postrado en silla de ruedas. Su segunda oportunidad le llega cuando es alistado de nuevo en un programa científico mediante el cual, a través de sofisticadas máquinas, es posible transferir su conciencia a un cuerpo alienígena creado genéticamente, un avatar, que le permite caminar de nuevo y volver a entrar en combate. La película de James Cameron no es muy diferente a este personaje: una cinta cuyas dos piernas -léase historia y personajes- están atrofiadas, no le sirven, y sólo mediante una sofisticada maquinaria de efectos especiales puede caminar.

Avatar es un triunfo sin paliativos de la forma sobre el contenido, un espectáculo con mayúsculas, visualmente impresionante, apabullante en los detalles y sobrecogedora en los planos amplios. Para llegar a esta orgía de colores y texturas, el equipo de efectos especiales ha tomado cada técnica existente y la ha llevado hasta el límite o más allá: CGI, motion-capture, 3D… Nadie duda de que, en este campo, tiene todos los méritos para ser por mucho tiempo un referente a tener en cuenta, el listón a superar, la odiosa comparación que tendrán que sufrir todas las películas del género en el futuro.

Otra cuestión es que, en el camino, su director se haya olvidado de que una película es, antes que nada, unos personajes contando una historia. Y la historia de Avatar va en silla de ruedas, rodando por caminos que ya hemos recorrido antes, empujada por historias que ya nos han contado antes, aunque sin duda no tan bien envueltas. Mensajes mesiánicos, ecologismo místico y pacifismo naïf al que contribuyen unos personajes que, en contraste con el colorido que los rodea, son o blancos o negros, o buenos o malos, o, todavía peor, tan previsibles en su mínima evolución como el final de la cinta, que se ve venir en la distancia, inevitable, sin atisbo de esperanza de que pueda cambiar en algún giro sorprendente.

Sin embargo, la gran decepción de la película, no por esperada menos dolorosa, es la partitura de James Horner. Cuando lo habitual es que un compositor disponga de escasas semanas para escribir una banda sonora, por una vez, un compositor de música de cine se ha encontrado en la histórica situación de disponer nada más y nada menos que de dieciocho meses para escribir la música de Avatar. ¿Y qué ha hecho Horner? Pues lo de siempre: regurgitar una vez más las referencias a sus trabajos previos (sí, las cuatro notas del ‘tema de peligro’ que suenan en Willow, Enemigo a las puertas, Troya, Titanic, etc. también están en Avatar) al tiempo que incluye todos los tópicos del género: percusión e instrumentación étnica para los habitantes de Pandora, bellos cantos en un idioma inventado para los momentos más épicos, sintetizadores y percusiones programadas para los militares terrestres, un bello pero nada memorable tema romántico… No es que sea mala música, al fin y al cabo Horner es un habilidoso artesano: es sólo que es más de lo mismo otra vez. Imperdonable oportunidad perdida de haber hecho algo realmente original.

Avatar es historia del cine, como lo es Matrix. Pasados unos años se echará la vista atrás y se verá como la película que cambió la forma de hacer películas. Nadie le niega eso. Pero que nadie pregunte tampoco de qué trata Avatar, porque, ¿acaso importa?