LODVG en directo

Leire, Álvaro y Haritz
Si me ofreciesen ser telonero de La Oreja de Van Gogh, no aceptaría. Porque no importa lo bien que lo hagas: ellos te comen con sopas. Llevan once años en escenarios y se nota. El despliegue es técnicamente impecable, los temas pierden la postproducción del estudio, pero multiplican su potencia en decibelios. Están cómodos ahí arriba, todo bajo control, tienen tablas y al público en la palma de la mano. Porque La Oreja de Van Gogh es un grupo que no deja indiferente: o se odia o se ama. Lo malo de esta división es que, a diferencia de Amaral, sus canciones no pueden ser universales: sus fans se las saben todas, alguna suena más que otra, pero ninguna es un himno. Lo bueno es que, a los pies del escenario, están todos de su parte. Así es más fácil.

Desde hace tiempo hablar de LODVG pasa irremediablemente por responder al gran interrogante de nuestro tiempo: ¿Amaia o Leire? La voz de Amaia quizá tenga un punto más característico, más diferente y reconocible. Pero Leire no tiene nada que envidiarle en presencia y fuerza bajo los focos. Y no tiene complejos: Muñeca de trapo, París o Cuídate suenan diferentes, pero igual de bien, en manos de Leire. La demostración definitiva de que no reniegan del pasado viene al final: la última canción de los bises, la mítica La playa, que cerraba cada concierto de LODVG con Amaia, cierra también este concierto de LODVG con Leire.
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La solución a la disyuntiva creo que es evidente: Amaia no era La Oreja de Van Gogh; Leire tampoco lo es. La Oreja de Van Gogh son los cuatro mosqueteros que las han flanqueado: Pablo Benegas a la guitarra, Xavi San Martín en los teclados, Álvaro Fuentes con el bajo y Haritz Garde en la batería. Ellos son los fundadores del grupo, de sus cabezas salen los temas, son su alma y, mientras estén juntos, habrá Oreja para rato.

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LODVG live

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If I had the chance to be supporting band for La Oreja de Van Gogh, I wouldn’t accept. Because it doesn’t matter how well you do it: they would exceed you. They’ve been on stages for eleven years, and you can see it. Tecnically the display is perfect; the themes loose the studio postproduction, but decibels are multiplied. The band is comfortable, they have everything under control, they’re an old hand and have the audience on their hands. La Oreja de Van Gogh doesn’t leave no one indifferent: you either hate or love it. The bad thing about this is that, unlike Amaral, their songs can’t be universal: fans know all of them, a few are easily recognizable, but none of them is a hymn. The good part is that, in front of the stage, everyone is on band’s side. It’s easier this way.

Since some time ago, talking about LODVG necessarily implies answering the great question of our time: Amaia or Leire? Amaia’s voice might be a little more characteristic, different and recognizable. But Leire has nothing to envy about physical presence and strength under the limelights. And she has no complex: Muñeca de trapo, París or Cuídate sound different, but as well as before, on her hands. They don’t deny their past and the proof comes at the end: the last song, La playa, the one which closed every concert they gave with Amaia, also closed this concert with Leire.
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The answer is obvious: Amaia was not La Oreja de Van Gogh, neither is Leire. La Oreja de Van Gogh are the four musketeers flanking them: guitarrist Pablo Benegas, keyboardist Xavi San Martín, Álvaro Fuentes playing the bass and drummer Haritz Garde. They were the founders, songs come from their heads, they’re the band souls and, as long as they are together, there’ll be Oreja de Van Gogh for a while.