El Murciélago y la Princesa

(Die Fledermaus und Die Prinzessin)

Había una vez, hace mucho tiempo, un Murciélago que vivía en la torre de un castillo. Vivía allí solo, dedicándose cada noche a sus tareas de murciélago. Aquella parte del castillo nunca se utilizaba, así que rara vez tenía visitas. Pero como era de naturaleza curiosa, algunas noches salía a explorar los bosques y tierras que rodeaban el castillo.

Una de esas noches, vio luz en otra torre del castillo y, sin poder resistir su curiosidad, se acercó hasta una de las ventanas. Revoloteando en silencio, vio dentro a la Princesa. E inmediatamente pensó que era la criatura más hermosa que había visto en toda su vida. Pero vio también que estaba triste. Embelesado estaba mirándola, que se distrajo y la Princesa lo vio a él también. Pensó entonces que ella se asustaría o intentaría echarlo de allí, pero en lugar de eso, la Princesa lo invitó a entrar. Al principio el Murciélago estaba asustado, nervioso, pero la Princesa le habló y poco a poco se fue calmando. Quiso saber por qué estaba triste, y ella le contó que el Príncipe, su Príncipe, la había abandonado para buscar a otra princesa en otro reino lejano, y ella se había quedado sola. El Murciélago sintió lástima por ella, y le prometió volver a la siguiente noche.

Y así lo fue haciendo noche tras noche. El Murciélago fue dejando sus tareas de murciélago y sus exploraciones por los bosques próximos, y pasaba su tiempo en la torre de la Princesa, hablando con ella, contándole sus aventuras nocturnas y sus descubrimientos, y ella le hablaba de la vida en el castillo, de las damas que allí vivían, de los reyes y los nobles que el Murciélago nunca veía durante la noche, porque lo hacían todo durante el día. La Princesa era bella, luminosa, de ojos lindos, profundos, de voz dulce, e iba estando cada noche menos triste. Y hablando con la Princesa, el Murciélago se encantó y se fue olvidando de que era un Murciélago, de que era pequeño y feo, de que tenía alas membranosas, de que era oscuro y siniestro y de que antes hacía tareas de Murciélago. Y creyó que podría ser feliz con la Princesa, y que ella sería feliz también, y que la felicidad duraría para siempre. Y, creyéndolo, fue feliz. Y creyó que ella lo era también.

La Princesa, el Muciélago y la Luna

Pero un día, un caballero llegó al castillo, engalanado y con brillante armadura. La Princesa, desde su torre, vio que era apuesto, gallardo, noble y gentil. Y sintió que el caballero había venido hasta allí por ella. Y olvidó que una vez hubo un príncipe que la abandonó, y olvidó su tristeza, y la alegría y la ilusión se instalaron en su corazón. Y olvidó al Murciélago.

Así que por la noche el Murciélago voló hasta la torre de la Princesa y se encontró con que ella no estaba allí. Se quedó muy sorprendido y apenado, y volvió a su propia torre que nadie visitaba. A la noche siguiente también visitó la torre de la Princesa, y también la noche después de esa, y la otra, y muchas noches más, pero la Princesa no volvió. Y el Murciélago comprendió al fin que ella se había marchado y lo había olvidado. Recordó que era un Murciélago pequeño y feo, que tenía alas membranosas, que era oscuro y siniestro y que tenía tareas de Murciélago que hacer. Y olvidó que había sido feliz.

Y el Murciélago vivió en su torre, solo, dedicándose a sus tareas de Murciélago, a explorar los bosques próximos que rodeaban el castillo y hacer descubrimientos nocturnos. Pero, aún algunas noches, se desviaba de su ruta y se acercaba, silencioso, a la torre de la Princesa, esperando volver a escuchar aquella voz dulce y ver aquellos ojos lindos. Y la Princesa lleva un murciélago tatuado en la espalda, y el Murciélago lleva una princesa grabada en el corazón, y ninguno se borrará nunca.

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Carta de James Gordon a su esposa

Querida Bárbara:

¿Cómo estás? ¿Y los niños? Os echo mucho de menos… Pero sigo pensando que ha sido buena idea que os vayas a pasar una temporada a casa de tu madre en las afueras, después de todo lo que hemos pasado… Creo que es lo mejor para los niños también, que se olviden de todo… Si pueden. Yo no podré acompañaros todavía: si me fuese de la ciudad ahora, como están las cosas… los periodistas me despedazarían. Me daría igual si fuesen sólo a por mi, pero cargarían contra todo el departamento, y es lo último que necesitamos ahora. Pero intentaré escaparme algunos días, dentro de unas semanas… Quiero veros a ti y a los niños.

Hoy ha llegado un nuevo agente de refuerzo. Se llama Crispus Allen y lo han trasladado desde Metrópolis. Me pregunto por qué, si Metrópolis es la joya de la corona. Deberíamos visitarla alguna vez con los niños. Dicen que allí todo es brillante y elegante, no como en esta cloaca de Gotham. Incluso dicen que a ese tipo grande, el que los periódicos llaman Superman, se le ve mucho por allí. A lo mejor vive allí, hasta en eso tienen suerte. He asignado a Allen con la detective Montoya. Bullock es de la vieja escuela, se apañará solo por un tiempo y Renée es más… comunicativa. ¿Cómo voy a explicarle lo que pasa en esta ciudad? ¿Cómo voy a explicarle que, ser policía en Gotham City es vivir a la sombra del murciélago?

Hemos instalado una señal nueva en la azotea. Nadie lo sabe, es un secreto. Todavía no la hemos usado: no ha hecho falta. Todos sabemos que está ahí fuera… No lo hemos visto, claro. Lo buscamos, pero no lo encontramos. Las órdenes están claras: encontrarlo y detenerlo. Pero ¿cómo lo hacemos? Los hombres están divididos, no saben qué pensar. Les frustra y alienta al mismo tiempo. Llega adonde nosotros no podemos, pero nadie debería estar por encima de la ley. Sólo espero que no cruce el límite… porque aún no lo ha cruzado, a pesar de lo que digan los informativos. Por Dios, ¡salvó a nuestro hijo! Y a saber a cuántos hijos de alguien más habrá salvado cada noche. ¿Quién será capaz de ponerle los grilletes?

Y la escoria sabe también que sigue ahí, cazándolos. No quiero ni imaginar lo que les hará para asustarlos tanto… Ha dividido a los habitantes de esta ciudad en dos grupos: los que viven aterrorizados y los que albergan alguna esperanza. Por desgracia, los primeros siguen siendo mucho más numerosos. Creo que el Joker tenía razón en la sala de interrogatorios: el murciélago ha cambiado las cosas para siempre, no hay vuelta atrás posible.

A veces me paro a pensar qué lleva a una persona hasta ese extremo de…locura… hasta esa condena. Hay una psicóloga, doctora Chase Meridian he oído que se llama, escribiendo unos informes sobre él. Cuando acabe, puede seguir con el resto de nosotros: en esta ciudad hay chiflados para escribir una maldita enciclopedia. Como Dent… Dios mio, ¿cómo pudimos perder a Harvey de esa manera? Nuestro caballero blanco, nuestra esperanza… el héroe que necesitábamos, un rostro que ponerle a la justicia, a la honestidad, a la integridad, a la esperanza que la gente de Gotham necesita… que todos necesitamos. Si hubiese confiado en él antes… si hubiese creído en él… Todo sería diferente. Pero lo perdimos. El Joker tenía razón, sólo hacía falta un empujón, un mal día, y una persona que crees serena y cabal pierde la chaveta, se vuelve un loco criminal… o salta por las azoteas vestido de murciélago. Dios mio, es la segunda vez que le doy la razón a ese payaso psicópata. Después de todo lo que hizo, espero que se pudra en Arkham… ¿Cómo pudo un tío solo hacer tanto daño a tanta gente? Quizás es que también tuvo un mal día, quizá le dieron un empujón a él, y ahora quiere devolverlo, ver arder el mundo… no sé, es imposible saberlo, todo es sistemática anarquía en él… Me da escalofríos, espero no verlo nunca más.

Pero me temo que, antes o después, veremos a otro “engendro”. ¿Cuántos llevamos ya? Un psiquiatra loco por los espantapájaros, un payaso asesino, nadie me ha dicho quién organizó el desastre en los Narrows y casi vuela la Torre Wayne, pero seguro que no fue ningún aficionado de tres al cuarto… Y el pobre Harvey… ¿Qué será lo siguiente? ¿Una mujer gato? ¿Un hombre pingüino? Hay mucho desquiciado en los callejones y muy poca esperanza… Y nosotros estamos persiguiendo a la única que nos queda.

Bueno, cariño, tengo que seguir trabajando. La noche va a ser larga. Dale un abrazo muy fuerte a los niños. Diles que tengo muchas ganas de veros pronto. Haré todo lo que pueda. Volveré a escribirte en unos días.

Te quiere, Jim.

Letter from James Gordon to his wife

Dear Barbara,

How are you? How are the children? I miss you so much… But I still think that spending a time at your mother’s out of the city is a good idea, after all that we have passed through. I think it’s the best for the children, too, to forget about everything… if they can. I can’t go with you yet: if I leave the city now, considering how things are… the journalists would cut me into pieces. I wouldn’t mind if they were just after me, but they would charge against tge whole department, and that’s the last thing we need now. But I’ll try to get away a few days, in a week or so… I want to see you and the children.

The new agent of reinforcement has arrived today. He’s called Crispus Allen and he’s been transfered from Metropolis. I wonder why, because Metropolis is the jewel in the crown. We should go sightseeing with the children someday. They say everything is shining and elegant there, not like in this sewer of Gotham. They even say that that big guy, the one the newspapers call Superman, is seen very often there. Maybe he lives there, even with that they’re lucky. I assigned Allen to detective Montoya. Bullock is an old school guy, he will manage well alone for a time and Renée is more… communicative. How am I going to explain to Allen what happens in this city? How am I going to make him understand that, being a policeman in Gotham is living under the shadow of the bat?

We installed a new signal in the rooftop. Nobody knows, it’s a secret. We still haven’t used it: there was no need for it. We all know that he’s outside. We don’t see him, of course. We look for him, but can’t find him. The orders are clear: find him and arrest him. But, how are we supposed to do it? Men are divided and confused. It cherishes and dashes them at the same time. He can reach where we can’t, but no one should be over the law. I only hope that he doesn’t cross the line… because he still hasn’t crossed it, no matter what the news say. For God’s sake, he saved our son! And who knows how many more sons of someone does he save every night. Who would be able to put him the shackles?

And the scum also knows that he’s there, hunting them. I don’t want to even imagine what does he do to them to scare them in such way… He has divided the people of Gotham into two groups: those who live in fear and those who hold hope. Unfortunately, the first group is still larger. I think the Joker was right in the interrogation room: the bat changed things, forever. There’s no turning back.

Sometimes I think to myself what drives a person to that extreme of… madness… to that condemnation. There’s a psychologist, I heard she’s called Dra. Chase Meridian, writing an essay about him. When she’s over, she could continue with the rest of us: there are enough nutters in this city to write a whole damn enciclopedy. Like Dent… My God, how could we lost Harvey? Our white knight, our hope… the hero we needed, the face of justice, honesty, integrity, the hope that the people of Gotham need… that we all need. Had I trust him before… had I believed in him, everything would have been different. But we lost him. The Joker was right, only a little push, a bad day, and a person you believe to be calm and upright go nuts, becomes a sadistic murderer… or jumps from one rooftop to another dressed like a giant bat. My God, it’s the second time I admit that psychopathic clown was right. After all he has done, I hope he rots in Arkham… How could a man alone hurt so many people? Maybe he also had a bad day, maybe he was pushed a little, too, and now he wants to give it back, to see the world burn… I don’t know, it’s impossible to know, all around him is a sistematic anarchy… It makes me shiver, I hope I’ll never see him again.

But I’m afraid that, sooner or later, we’ll see another freak. How many have we seen already? A psychiatrist crazy about scarecrows, a killing clown, noone told me about who organized the disaster in the Narrows and nearly blows Wayne Tower up, but I guess they were not amateurs… And poor Harvey. What will be the next? A cat woman? A penguin man? There are so many crazys in the alleys and so less hope… And we’re hunting the only one that rest…

Well, darling, I have to continue working. The night’s gonna be long. Hold strong the children for me. Tell them I want very much to see you soon. I’ll try my best. I’ll write you again in a few days.

Love, Jim