Man of Steel

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Tras el enorme éxito de crítica y, sobre todo, público de la trilogía del Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2005, 2008 y 2012), era sólo cuestión de tiempo que el otro personaje estrella de la editorial DC sufriese su inevitable reboot: Superman volaría… de nuevo.

Que el propio Nolan fuese contratado como asesor fue, desde el inicio, motivo de alegría para los fans, muy satisfechos con el trabajo realizado con Batman. A saber: hacer al personaje más real, más oscuro, más humano. Pocas voces se pudieron oír argumentando que eso era precisamente lo que Superman no necesitaba, sobre todo después del intento de ‘Superman Returns’ (Bryan Singer, 2006) de llevar al hombre de acero por ese mismo camino.

Como contrapeso (y alivio para muchos) se vio la llegada de Zack Snyder a las labores de director. Si por algo se caracteriza el cine de este hombre es por su potente estilo visual, su sentido del espectáculo y su habilidad para trasladar a la pantalla lo que todo el mundo creía que era imposible de trasladar: ‘Watchmen’ (A. Moore, 1986) y ‘300’ (F. Miller, 1998).

Así que, contando con Nolan como asesor creativo y el ojo de Snyder en la dirección, el último hijo de Krypton no podía estar en mejores manos.

El nivel de hype alcanzado por este estreno ha sido altísimo. Los primeros trailers de la película eran potentes, intensos, épicos, prometedores… Eran magníficos porque tenían lo que le falta a la película: mesura. Man of Steel es un derroche de espectáculo, una montaña rusa sin tregua ni pausa, una apisonadora que se lo lleva todo por delante, que aplasta al espectador con montañas de efectos especiales, de acción y más acción imparable. Parece que los responsables se hubiesen propuesto no dejar pensar ni un segundo al espectador. Porque si piensa… el castillo de fuegos artificiales se muestra como lo que es: una ilusión sin contenido.

Un aspecto que funcionaba muy bien en la trilogía de Batman era la novedad de lo que se contaba. Aun con cuatro películas anteriores, había fragmentos en la historia de Bruce Wayne que no se habían contado, y en ellos se concentraba Batman Begins (C. Nolan, 2005), para en las posteriores entregas desarrollar el personaje sobre esos fundamentos. En este sentido, Man of Steel partía en desventaja, pues los orígenes y desarrollo del personaje son bien conocidos. Y sin embargo, en lugar de buscar un nuevo enfoque, inexplicablemente, Snyder comienza la película empleando veinte minutos de metraje en narrar exactamente lo mismo que Richard Donner había contado en la mitad de tiempo en ‘Superman’ (R. Donner, 1978).

Sigue luego una segunda parte de película más interesante. No por novedoso, pues vuelven a contarnos las historias de juventud de Clark Kent, su relación con sus padres adoptivos, y su lenta asunción de sus poderes, hasta su encuentro en la Fortaleza de la Soledad con Jor-El y su transformación en el héroe de la capa roja. Por cierto que Donner se atrevió a contratar a Marlon Brando y dejarle diez minutos en pantalla, y me da que con Russell Crowe no se han atrevido a hacer lo mismo… Al menos en este tramo la estructura del relato cambia (apostaría a que los flashbacks fueron idea de Nolan), se ahonda (un poco, no vayan a pensar que esto es una película de Malick) en las inquietudes y los miedos de este ser extraterrestre y ¡hay diálogos! Se aprovecha, además, este tramo de relativo relax, para introducir (más bien con calzador) a Lois Lane y su relación con Clark Kent/Superman.

Y después… el desastre. Snyder emplea el considerablemente largo tercer acto para contarnos lo mismo que Donner y Lester nos habían contado en ‘Superman II’ (R. Lester, 1980). Que sí, que es el mito, que el enfrentamiento con Zod será lo que defina al personaje en próximas entregas y que había que contarlo (¿otra vez?), pero sin el factor sorpresa ya sólo hay una forma de intentar ganar la batalla: superioridad numérica. Y en este caso las tropas son minutos y más minutos de acción espectacular. Ojo, muy espectacular y muy bien hecha, que Snyder no es Bay, pero después de 10 minutos de destrucción masiva de edificios, más acción espectacular simplemente cansa. Uno se deja llevar, deja de pensar en los agujeros de guión que ha ido viendo, deja de preocuparse por los personajes, se sale de la historia y, al final comete pecado mortal en este tipo de películas: se aburre.

Y ¿hay algo peor que aburrirse con una película de Superman? Sí: salir del cine sin poder tararear ninguna música.

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Man of Steel

Man-Of-Steel

After the huge success of critic and public obtained by the Dark Knight trilogy (Christopher Nolan, 2005, 2008 and 2012), it was just a matter of time for the other DC’s star to suffer its reboot: Superman would fly… again.

It was very well received that Nolan himself would work as creative consultant, because of his work with the Batman character: he made him more realistic, darker, more human. There were very few voices, nearly unaudible, that sayd that those things were precisely what Superman didn’t need. More so, after ‘Superman Returns’ (Bryan Singer, 2006) tried to walk that path, too.

As counterweight (and relief to many) came Zack Snyder to direct. If anything characterizes this man films, it would be his powerful visual style, his sense of show and his ability to take into the screen what everybody thought was impossible to take: ‘300’ (F. Miller, 1998). and ‘Watchmen’ (A. Moore, 1986).

So, with Nolan as creative consultant and Snyder directing, the last son of Krypton couldn’t be in better hands.

The level of hype reached by this film was very high. The first teasers were powerful, intense, epic, promising… They were wonderful because they had what the film doesn’t: mesure. Man of Steel is an extravagance of spectacle, a roller-coaster without pause or truce, a steamroller that crushes the spectators with mountains of special effects, action and more unstoppable action. It seems as if the people responsible had the goal of not letting anyone think very much. Because if we think about it… the fireworks castle appears as what it really is: a void delusion.

An aspect that worked very well in the Batman trilogy was the novelty of what it told. Even with four previous movies, there were still fragments of Bruce Wayne’s story that remained untold. And on those pieces focused Batman Begins (C. Nolan, 2005), to fully develop the character over those foundations in the next installments. In this sense, Man of Steel started with a disadvantage, because the origins and development of the character are well known. However, instead of looking for a new point of view, inexplicably Snyder starts the film employing twenty minutes of film in telling exactly the same thing that Richar Donner had told us in half the time in ‘Superman’ (R. Donner, 1978).

Then comes a more interesting second part of the movie. Not because it’s new, because it tells again the youth of Clark Kent, his relationship with his adoptive parents, the slow assumption of his powers, until his meeting in the Fortress of Solitude with Jor-El and his transformation in the hero of the red cape. By the way, Donner dared to hire Marlon Brando for merely 10 minutes of screen time, and I guess they didn’t dare to do the same with Russell Crowe. At least in this part of the movie the editing structure changes (I would bet it was Nolan’s idea to have flashbacks), and they delve a bit (just a bit, don’t forget this is not a Malick’s film) in the worries and fears of this alien. And there are dialogues! They also get to introduce (with shoehorn) the Lois Lane character and her relation with Clark Kent/Superman.

And after that… the disaster. Snyder uses the extremely long third act to tell us the same that Donner and Lester had told us in ‘Superman II’ (R. Lester, 1980). Yes, it’s the myth, the fight with Zod would define the character in the future, and it had to be told (again?), but without the element of surprise, there’s only one way to win the battle: numeric superiority. And here the troops are minutes and minutes of spectacular action. Very spectacular and very well done, because Snyder isn’t Bay, but after ten minutes of massive destruction of buildings, more action simply tires. One just lets himself go, stops thinking about the plot holes, stop worrying about the characters, gets out of the story and, in the end, commits deathly sin in this type of films: gets bored.

And, is there anything worst than getting bored with a Supeman movie? Yes: being unable to get out of the cinema humming any music.