Chelsea es muy guapa. Y elegante, refinada, sofisticada, educada, amable, segura de sí misma… Chelsea es todo lo que quieras que sea, por un precio. Porque Chelsea es una escort-girl: una prostituta de lujo. Pero lo que ella ofrece es especial: una ‘girlfriend experience’. Por 2.000 dólares la hora, ella es la novia perfecta: acompaña a sus clientes al cine, al museo, a cenar, conversa con ellos, los escucha, les aconseja sobre sus problemas… El sexo está permitido, pero no es obligatorio. En el fondo, los clientes de Chelsea solamente buscan la ilusión de que no están solos.

El verdadero nombre de Chelsea es Christine. También tiene un novio. Pero no es seguro que esté enamorada de él. Posiblemente, sólo busca la misma ilusión que proporciona a sus clientes: la ilusión de estabilidad, la ilusión de que no está sola.
Porque en esta película todo el mundo está solo.
The girlfriend experience (2009) es un drama experimental dirigido por Steven Soderbergh, con un presupuesto de 1,3 millones de dólares, grabado directamente con vídeo digital y en el que la protagonista, Sasha Gray, es la única actriz profesional.
Con esta historia minimalista Soderbergh invita a reflexionar sobre la profunda soledad de las personas, sus deseos y sus necesidades. También sobre la hipocresía, el dinero y lo que se puede comprar con él, porque, si se puede comprar la ilusión de cariño, ¿qué queda que no se pueda comprar? Y más: en una relación tan falsa, si una de las partes la cree verdadera, ¿sigue siendo falsa?
Formalmente es absorbente, por su estética contemporánea fundida con la Nouvelle Vague. La historia se construye sobre fragmentos desordenados y conversaciones inconexas: un puzzle de planos largos, desenfocados, a veces totalmente irrelevantes, pasados por filtros de fría luz azul. Los espacios, los diálogos (probablemente improvisados) y la música (totalmente underscore ambiental) reducidos a la mínima expresión. Todo contribuye al distanciamiento, a levantar una barrera emocional entre Christine y el espectador, exactamente igual que la que existe entre Chelsea y sus clientes.
En su frialdad, su minimalismo, su estética experimental y su dureza argumental, The girlfriend experience no es para todo el mundo. Sólo para clientes selectos.






