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Loquillo, Enrique Bunbury, Jaime Urrutia y Andrés Calamaro. Podrán caer mejor o peor, pero es mucho talento reunido en una sola canción…

Voy de negro y te preguntas el por qué
porque no visto otros colores sé muy bien
que mi apariencia puede resultar sombría y gris
tengo razones para vestir así

Llevo el negro por los pobres y también
por los vencidos puestos contra la pared
Lo llevo por el preso,
que paga el sueldo de
una ley hecha a medida del poder.

Llevo el negro por aquellos que jamás
hicieron caso a Cristo al proclamar
que existe un camino de Amor y de Piedad
hablo claro, tú me entenderás

Voy de negro por la injusta soledad
de los viejos y los que acabarán
fríos como piedras después de cabalgar
mientras alguien se hace rico en su sofá

Voy de negro por el joven que caerá
en la guerra creyendo tener detrás
a Dios y a su madre de su lado
y no es verdad.
es la carne del juego de un general

Sé que hay cosas que nunca estarán bien
pero nada es imposible mírame
yo canto esta canción
¿ que puedes hacer tú ?
Mira hacia dentro y carga con tu cruz

Quiero enseñar un arco iris al cantar
pero en mi espalda cae la oscuridad
y hasta que la luz no brille de verdad
voy de negro, de negro me verás.

Al César lo que es del César: la original es de Johnny Cash (1971).

Loquillo, Enrique Bunbury, Jaime Urrutia y Andrés Calamaro. They can be more or less liked, but it’s a lot of talent gathered for a single song…

I wear black and you wonder why
I don’t wear other colours, I really know
that my appearance might be gloomy and grey,
I have reasons to wear this way.

I wear black for the poor and also
for the defeated against the wall.
I wear it for the imprisoned,
who pays the price of
a law made at power’s measure.

I wear black for those who never
paid attention to Christ when he proclaimed
that there’s a way of love and mercy.
I speak clear, you’ll understand.

I wear black for the unfair loneliness
of the old and those who’ll end
cold as stones after riding
while someone gets rich in their sofa.

I wear black for the young who’ll fall
in war, believing they have behind
God and his mother by their side
and it’s not true:
they’re the meat in a general’s game.

I know some things will never be right
but nothing is impossible, look at me.
I sing this song,
what can you do?
Look inside and carry your cross.

I want to show a rainbow when I sing
but in my back the shadow falls
and until the light doesn’t really shine
I wear black, and in black you’ll see me.

Give to Caesar what belongs to Caesar: the original song is by Johnny Cash (1971).

Chelsea es muy guapa. Y elegante, refinada, sofisticada, educada, amable, segura de sí misma… Chelsea es todo lo que quieras que sea, por un precio. Porque Chelsea es una escort-girl: una prostituta de lujo. Pero lo que ella ofrece es especial: una ‘girlfriend experience’. Por 2.000 dólares la hora, ella es la novia perfecta: acompaña a sus clientes al cine, al museo, a cenar, conversa con ellos, los escucha, les aconseja sobre sus problemas… El sexo está permitido, pero no es obligatorio. En el fondo, los clientes de Chelsea solamente buscan la ilusión de que no están solos.
girlfriendexperience

El verdadero nombre de Chelsea es Christine. También tiene un novio. Pero no es seguro que esté enamorada de él. Posiblemente, sólo busca la misma ilusión que proporciona a sus clientes: la ilusión de estabilidad, la ilusión de que no está sola.

Porque en esta película todo el mundo está solo.

The girlfriend experience (2009) es un drama experimental dirigido por Steven Soderbergh, con un presupuesto de 1,3 millones de dólares, grabado directamente con vídeo digital y en el que la protagonista, Sasha Gray, es la única actriz profesional.

Con esta historia minimalista Soderbergh invita a reflexionar sobre la profunda soledad de las personas, sus deseos y sus necesidades. También sobre la hipocresía, el dinero y lo que se puede comprar con él, porque, si se puede comprar la ilusión de cariño, ¿qué queda que no se pueda comprar? Y más: en una relación tan falsa, si una de las partes la cree verdadera, ¿sigue siendo falsa?

Formalmente es absorbente, por su estética contemporánea fundida con la Nouvelle Vague. La historia se construye sobre fragmentos desordenados y conversaciones inconexas: un puzzle de planos largos, desenfocados, a veces totalmente irrelevantes, pasados por filtros de fría luz azul. Los espacios, los diálogos (probablemente improvisados) y la música (totalmente underscore ambiental) reducidos a la mínima expresión. Todo contribuye al distanciamiento, a levantar una barrera emocional entre Christine y el espectador, exactamente igual que la que existe entre Chelsea y sus clientes.

En su frialdad, su minimalismo, su estética experimental y su dureza argumental, The girlfriend experience no es para todo el mundo. Sólo para clientes selectos.

Chelsea is very beautiful. And elegant, refined, sophisticated, well-mannered, kind, self-confident… Chelsea is whatever you want her to be, for a price. Because Chelsea is a escort: a high-dollar prostitute. But what she offers is special: a ‘girlfriend experience’. For 2.000 dollars per hour, she’s the perfect girlfriend: she goes out with her clients, to the cinema, to a museum, to have dinner, she talks with them, listen to them, give advices… Sex is permited, but it’s not obligatory. After all, Chelsea’s clients only look for the illusion that they’re not alone.
girlfriendexperience

Chelsea’s real name is Christine. She also have a boyfriend. But it is unsure if she’s in love with him. Probably, she only seeks the same illusion that she brings to her clients: the illusion of stability, the illusion that she’s not alone.

Because everybody is alone in this movie.

The girlfriend experience (2009) is an experimental drama directed by Steven Soderbergh, with a 1.3 million dollar budget, filmed entirely digital and the protagonist, Sasha Gray, being the only professional of the cast.

With this minimalistic story, Soderbergh invites us to think about the deep solitude of the people, their wishes and needs. Also about hypocrisy, money and what can be bought, because, if the illusion of affection can be bought, then, what’s left that couldn’t be? And more: in such a false relationship, if one of the participants believes it to be true, is it still false?

In its form, it’s absorbing in its contemporary aesthetic mixed with the French New Wave. The story builds up on disorganized fragments and unconnected conversations: a puzzle of long, out of focus shots, sometimes totally irrelevant, passed by cold blue light filters. The spaces, the dialogues (probably improvised) and the totally ambiental underscore music are reduced to the minimum. Everything contributes to create a distance, to build an emotional barrier between Christine and the spectator, the same barrier that exists between Chelsea and her clients.

In its coldness, its minimalism, its experimental aesthetics and its argumental hardness, The girlfriend experience is not for everyone. Only for selected clients.

Sharbat Gula

La mirada más penetrante del siglo XX.

SharbatGula

La fotografía, tomada por Steve McCurry ilustró la portada de National Geographic en junio de 1985. Era conocida como la niña afgana. Tenía 12 años y en 1984 vivía en el campamento de refugiados de Nasir Bagh (Pakistán). Nada más se sabía de ella.

El propio McCurry y un equipo de la National Geographic la buscó de nuevo durante 17 años, hasta que en 2002 la encontró de nuevo, convertida en mujer. Sólo entonces se supo su nombre: Sharbat Gula. Vivía en una aldea remota de Afganistán, casada y madre de tres hijas. Nunca la habían vuelto a fotografiar y por supuesto no tenía conocimiento de la fama de su primer y único retrato.

Hoy, Sharbat Gula ha vuelto al anonimato. “Ella no dará ninguna otra entrevista a los medios y no desea que se contacte con ella.” Preguntado si Sharbat se beneficiaría económicamente de su famosa imagen, National Geographic ha dicho: “se está cuidando de ella.”

La National Geographic Society mantiene un fondo de ayuda al desarrollo y la educación de los niños y mujeres afganas en su honor. Se pueden hacer donaciones online o enviando un cheque directamente a National Geographic Afghan Girls Fund, Development Office, National Geographic Society, 1145 17th Street N.W., Washington, D.C., 20036

Fuente: www.wikipedia.org / www.nationalgeographic.com

Sharbat Gula

The most penetrating look of the 20th century.

SharbatGula

The picture, taken by Steve McCurry, illustrated the National Geographic magazine cover on June 1985. She was only known as the afghan girl. She was twelve and, in 1984, lived in the Nasir Bagh refugee camp (Pakistan). Nothing else was known.

McCurry himself and a National Geographic team tried to locate her again for 17 years, until they found her in 2002, now a married woman, mother of three children, living in a remote region of Afghanistan. Only then they knew her name: Sharbat Gula. No one has ever taken another picture of her, and she was totally unaware about her famous first and only portrait.

Today, Sharbat Gula has returned to anonymity. “She will not give another media interview and she wishes not to be contacted.” Asked if Sharbat would benefit financially from her famous image, National Geographic said she was “being looked after.”

National Geographic Society keeps a fund in her honor to help and educate afghan children and women. Contributions can be made online to the National Geographic Afghan Girls Fund or by sending a check directly to the National Geographic Afghan Girls Fund, Development Office, National Geographic Society, 1145 17th Street N.W., Washington, D.C., 20036.

Sources: www.wikipedia.org / www.nationalgeographic.com

¿Qué logotipo te parece más adecuado?

Se trata de tres propuestas de logo para un hotel-restaurante de tres estrellas, clásico, con terraza y piscina, enmarcado en una zona de monte y rodeado de cotos de caza, de ahí su nombre.

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Fat Man

El 9 de agosto de 1945, a las 11:02 a.m., el Sol brilló más que nunca en la ciudad. Solo que no era el Sol. Y ya no hubo más ciudad. Ni más sol. Ni nada. El Hombre Gordo había estado en Nagasaki.

nagasaki

Fat man

On August 9th, 1945, at 11:02 a.m., the Sun shined more than ever over the city. But it wasn’t the Sun. And there were no city anymore. Nor Sun. Nor anything. The Fat Man had been to Nagasaki.
nagasaki

Película de animación igual a película infantil. Falso. Ya se veía venir. Desde la fundacional Toy Story (1995) hasta la desmitificadora Los increíbles (2004), pasando por la inquietante Wall-E (2008), el cine de animación contemporáneo se ha convertido en recipiente para las historias más originales y al mismo tiempo transmisor de aquellos mensajes que el cine convencional no quiere, no sabe o no se atreve a enviar. En parte por la necesidad de atraer a la sala a progenitores pagadores de entradas, en parte por la libertad que permite que el falso axioma que abría este párrafo siga vigente en la mente de muchos.

Up!

Y era sólo cuestión de tiempo que llegase la crepuscular Up (P. Docter, B. Peterson, 2009): protagonizada por un anciano y un niño, es una dura metáfora vital camuflada con el necesario colorido de una producción Pixar.

En Up hay humor, aventuras, acción… Pero quien quiera ver verá también en la literalidad de llevar la casa a cuestas una metáfora del peso vital que elegimos llevar sobre nuestros hombros y la necesidad, antes o después, de soltar lastre para poder continuar. Que los ídolos de antaño, sin el prisma de la inocencia, quizá no son tan admirables. Que la vida sigue a pesar de las pérdidas y que nunca es tarde para rectificar. Que la búsqueda de un sueño inalcanzable nos puede cegar hasta impedir que nos demos cuenta de los momentos felices que ya tuvimos. Y que hay lecciones en la vida que sólo alguien que ya ha vivido mucho puede enseñar.

En forma, Up encantará a los más pequeños por su humor, sus escenas de acción y sus espectaculares paisajes tridimensionales. En cambio, en esencia, está muy lejos de los cuentos de hadas para niños de Disney y mucho más cerca de, por ejemplo, Gran Torino (C. Eastwood, 2008).

Y el convencional y predecible happy ending no es suficiente para hacer olvidar el impacto emocional de los primeros diez minutos, los más tristes que se hayan visto en una película de animación en los últimos tiempos.

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